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domingo, 3 de mayo de 2009

Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Hoy llegó a mi inbox este cuento que me pareció muy simpático y pensé sería buena idea compartir. El cuento viene atribuido a Gabriel García Márquez quien, según se comenta en la red, lo contó en una entrevista de prensa en 1972 cuando gano el premio Rómulo Gallegos.1 Aunque parece ser que el cuento fue publicado en el libro “45 Cuentos siniestros” de Ediciones La Flor en 1975,2 éste no aparece en las antologías de García Márquez y se ha propagado más bien de ‘boca en boca’ por la red, lo que ha ocasionado que se produzcan diferentes versiones con ligeras variaciones. Esta es una de las que encontré.

Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: "No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo".

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces". Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta: "es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo".

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:

—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

—¿Y porqué es un tonto?

—Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Y su madre le dice:

—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen...

Una pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: "Deme un kilo de carne", y en el momento que la está cortando, le dice: "mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado".

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: "mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas". Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos..." Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde. Alguien dice:

—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

—Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.

—Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

—Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: "Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos". Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa", y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: "¿Vistes mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?"

viernes, 14 de marzo de 2008

Ouroboros (english)

También hay una versión en español.

Nothing. Not at all. Apparently there is nothing here. And yet, it's huge. Everything that exists is there. Just there. In front. Suddenly, among all this nothingness, dots of light emerge filling all which was empty. Lots of dots. Tiny. A huge empty field filled with more than a hundred billion dots. Some are close to others and create some small groups. Others keep themselves at a distance and are surrounded only by emptiness. The dots are tiny, but each of them is made by even more dots. Clouds of dots. Dense clouds of dots. From few tens up to thousands of clouds form each of the original dots. It's cold. Very cold.

One of this groups has about thirty or forty clouds. Nothing seems to move, and yet, some of the clouds seem to move around the others. Some are big, some others are small. They have different shapes. Some seem like big fat dots of light, others seem like the scattered debris of something that fell into the floor and broke into a thousand pieces. There are also more peculiar shapes. There are whirlpools. There are spirals. There is structure.

And having so much empty space in every direction, one of the spirals capriciously decides to form a disc over a plane. Four hundred billions of bright dots, gas and dust, form the four arms of the spiral which surround the bright zone of light on its interior. The cloud of dots seems very dense, and yet, the distance between one dot to the next one is huge. The dots also move but, at this distance, everything still seems static and motionless.

But these dots are different. They aren't made of “more dots”. No. Each of them is a big sphere which constantly emits a stream of light which seems to never exhaust. They are hot, they burn. Among all this cold and empty space there are spheres of light full of energy and heat.

One of this spheres, just like most of them, is surrounded by fragments of rocks. About ten tiny rocks, hundreds of even smaller rocks, and an uncountable amount of fragments of insignificant size; all of them following complex patterns around the luminous sphere.

Movement is slow and limited. It is just in one of such rocks, the fifth of them in size, where there seems to be more activity. A blue marble, covered by white splashes without any particular shape. Under these splashes of white almost all the surface is blue, except for a few areas with a darker tone between green and brown. So many diverse colors when before one couldn't see anything but black and white. More color, more diversity, and more movement. But only a bit more.

Scattered among the brown-green areas there are also smaller sites, just a bit more than a thousand, whose tone becomes grayer. In this gray sites one can observe much more structure. Straight lines cross from one side to another, as if trying to impose some order onto something which doesn't have it. And there is much more movement. Little beings come and go from one place to another without seeming to have any clear destination.

One of those beings, hidden inside a light blue colored box, is sitting in front of a machine filled with keys imprinted with letters. He's looking directly at a screen containing a big empty white box. He wants to write something, but he still doesn't know what.

About my life? No. My life is not very interesting. How about the... weather? No, quite boring. Come one, think, you must have something interesting to say. Just write the first thing that comes to mind.

Nothing. Not at all.

Hmm. This way we're not going to get very far. An idea, an idea. Ok, tell a story about... something... about something... interesting! Lol, at this pace I'll end up writing a story about how I couldn't come up with anything interesting to write. Hmm... no, stop, seriously. Come on. An idea. I think that I've got an idea.

Apparently there is nothing here.

Nothing, nothing, nothing... and what if I write about... everything? about all the things that there are!? yes! about everything! I could talk about the universe! and about... about the galaxies, and how they form groups... and... and then we look closer into our galaxy, which is surrounded by a bunch of other galaxies, how many are there?.. well, it doesn't matter... then there is our galaxy, the milky way, and then.. well there are stars, galaxies are made of stars, and the planets, which orbit, and the moons, and the other stuff, well, all the other stuff that also orbit the sun and... then we reach our planet, Earth, and we keep getting closer and we see, well.. we see cities.. yes, one could see the larger cities.. until we reach to... well here, why not.. yes, until we reach to here, where I am writing without many ideas and then.. well I suddenly come up with this great idea.. and in a frenzy of words I write in a single paragraph all the things as they come to my mind.

And... then? What happens then? The obvious thing would be to start writing the story, about the universe and all that, right? But.. I don't know.. I have the feeling that... the story is already written. You have already read it, didn't you? But then... I? Who am I? A character of the story? Product of my own imagination?

domingo, 30 de diciembre de 2007

La vida de mis sueños

«Necesito que tengas el reporte listo en una hora». ¿El reporte? ¿Pero no lo acabo de entregar hace ...? «Llegaron nuevos datos, hay que volver a correr las pruebas». Un sujeto vestido de corbata pasa caminando frente a mi escritorio, deja sobre él varios documentos y se sigue de largo. Doy una mirada, los papeles son ilegibles, parecen estar llenos sólo de números y de más trabajo por hacer. Resignado los tomo en mis manos y me dispongo a comenzar. En ese instante una mujer se acerca desde la otra dirección. «El cliente pidió unos cambios a la presentación, tienes que ...». ¿Cambios? ¿En este momento? Pero ... Y una nueva voz interrumpe mis pensamientos. «No olvides fotocopiar las fichas técnicas de ...». ¿Fichas téc...? Más personas se acercan a mi escritorio. «Aquí están las especificaciones del producto ...». La pila de documentos frente a mi crece sin control de una manera ridícula, como si fuera una caricatura. Copias, reportes, cartas, memorandos. Luego se comienza a formar otra pila, y otra más. Las voces se hacen también ininteligibles: «... tienes que ...», «Hay unos nuevos ...», «... es urgente».

La alarma del despertador me despierta. Todo había sido un sueño, aunque tampoco demasiado alejado de la realidad. Miro el reloj, 7:04am, llevaba ya un rato sonando la alarma. Me levanto de la cama y comienzo la misma rutina que me ha atrapado ya por varios años. Me baño, me visto, desayuno un plato de cereal, me lavo los dientes, me ajusto la corbata, tomo mi portafolios y salgo de la casa. Antes de llegar a la oficina paso, también como siempre, a Starbucks. Es el punto más interesante de mi día.

Si existe algún motivo que por el cuál me levante todos los días, y por el cual he podido aguantar esta clase de vida hasta el día de hoy, debe de ser por ella. ‘Suzie’ dice su gafete. Cabello corto dorado, sus ojos azules, la cara redonda y con rasgos finos, la sonrisa más hermosa que jamás he visto en ninguna otra mujer. «Muy buenos días. ¿Qué le puedo servir hoy?». «Capuchino. Grande.», las únicas dos palabra que logran salir de mi boca. «Claro que sí, con mucho gusto. Son dos noventa y cinco. En la barra le entregan su bebida». Y así es como termina, el momento más emocionante de todo mi día.

Finalmente llego al trabajo, una colección inmensa de pequeños cubículos. Cada uno con su computadora y una persona sentada frente a ella. Como zombies, domesticados, cada quién haciendo su trabajo sin hacer preguntas. A veces imagino a la empresa como un gran monstruo que funciona de manera independiente y sin dirección humana, su único objetivo es inventarnos tareas y trabajos que sirvan para darnos la ilusión de que nuestra vida en realidad tiene algún propósito.

El día pasa, aburrido, como todos. Transfiriendo documentos y reportes de una pila de papeles a otra. En la noche llego a casa. Pongo agua a hervir para preparar unos pot noodles. Me siento frente a la televisión y voy cambiando de canales mientras como mis fideos. Finalmente encuentro una película vieja, aburrida, de los sesentas, parece. No hay mucho más que ver, así que decido dejar ese canal. El sueño finalmente me vence y me quedo dormido.

Cuando abro los ojos tardo un momento en reconocer donde estoy. Es mi cuarto. Anoche debí de haber olvidado poner la alarma. Trato de mirar la hora en el reloj pero no logro distinguir los números, sólo se ven unas manchas luminosas rojas. Estoy muy cansado. Me levanto de cualquier modo y, como todas las mañanas, me dirijo al baño para comenzar con mi rutina. Bajo a la cocina, me sirvo un plato de cereal. Lo miro, decido que esta vez no quiero un plato de cereal.

Me encuentro entonces en Starbucks. Veo a Suzie, parada en el mostrador, regalándome una sonrisa, como siempre. «Muy buenos días. ¿Qué le puedo servir hoy?». «¿Tu sonrisa? Me encanta tu sonrisa. ¿Me la puedo llevar?». No puedo explicar de donde salieron estas palabras. Sus mejillas se tornaron rojizas y no pudo evitar el sonreír aún más. «Te he visto aquí, preciosa, todas las mañanas. Y, después de tantos días, tendrás que disculparme, no he podido evitar el haberme enamorado de ti». Sus ojos brillaban. «No lo puedo creer. Llevo días esperando a que me hablaras. He notado como me miras, tenía curiosidad de conocerte, ¿por qué tardaste tanto?». La invité a salir y ella aceptó con gusto. Es increíble. Todo este tiempo, secretamente enamorado de ella, y lo único que tenía que hacer era hablarle.

En la tarde fuimos a comer juntos y platicamos largamente mientras caminamos por los muelles. El cielo estaba extrañamente despejado y con un tono rojizo encantador que se reflejaba también en el agua de los canales. Me platicó que ella no era de la ciudad, que había venido a la universidad a estudiar artes y que trabajaba en el café para poder completar el pago de sus estudios. Me habló de pintores y de artistas. Me dijo que le encantaba la fotografía. ¡Qué gran coincidencia! ¡Yo adoro también la fotografía!

Los pasos nos llevaron finalmente a la puerta de mi casa. «¿Quieres pasar?». Acompañado de una sonrisa contestó, «Por supuesto que sí». Nos miramos a los ojos uno al otro, y nos tomamos de las manos. Justo en ese instante, sonó el despertador.

No lo puedo creer, ¿todo fue un sueño? Miré el reloj, las 7 de la mañana. Por supuesto que fue un sueño. En la realidad eso nunca me podría pasar. Que una mujer tan hermosa como ella se interesara y enamorara así de mí. Imposible. Bienvenido a la realidad. Comienzo entonces con mi rutina usual. Me baño, me visto, desayuno un plato de cereal, me lavo los dientes, me ajusto la corbata, tomo mi portafolios y salgo de la casa. En el camino a Starbucks voy recordando los sucesos de mi sueño, y no puedo evitar fantasear con la idea de intentarlo, de hablar con ella. ¿Por qué no?, quizá mi sueño es en realidad una señal.

Entro a Starbucks y veo a Suzie en el mostrador. Hay más gente en la fila delante de mí. Espero, un poco ansioso, pero procurando aparentar serenidad. Finalmente llega mi turno. «Muy buenos días. ¿Qué le puedo servir hoy?». «Capuchino». Idiota. «Grande». Anda, díselo. «Tus dientes». Estúpido. «Sonrisa, digo. Me gustas. Tu, sonrisa». El cliente delante de mi no pudo evitar soltar una carcajada. Suzie misma trató de evitarlo pero tampoco no pudo contener una pequeña risita. «Gracias, que bonito, pero tengo novio. Son dos noventa y cinco. En la barra ...». No pude aguantar la vergüenza, tuve que salir huyendo, mientras escuchaba detrás de mi las risas y carcajadas.

Pasé todo el día tratando de ignorar el incidente, pero fracasando miserablemente. Soy un estúpido. Pero, ¿a quién se le ocurre? Yo, con una mujer como ella. ¡Sólo en mis sueños! Así paso otro día aburrido de trabajo, cenando algo aburrido e instantáneo en casa mientras veía un programa aburrido en la televisión. Hasta que me quedé dormido.

Esta ves lo que me despertó fue el timbre de la puerta. ¿Qué hora es esta? Aún con los ojos entre cerrados bajé a abrir. «Anoche te fuiste y me dejaste aquí afuera, eso no fue muy cortés de tu parte». ¿Suzie? «¿De qué hablas? ¿Vienes a para seguirte burlando de mí? Tengo novio, ja ja. Pero qué bonito, eres un encanto, gracias. ¿No fue eso ya suficiente?». «¿Novio? Bueno, si, estaba saliendo con alguien, pero eso fue hace mucho. Antes de conocerte. Anda, ¿no me habías invitado a entrar a tu casa?». Sin poder hacer nada ella se lanza a mis brazos, me abraza, y me comienza a besar. «Te amo», me susurra al oído, «quiero estar contigo». Yo no puedo entender lo que está pasando. Aunque, dadas las circunstancias, tampoco tengo mucho interés por entender.

Con mis manos sobre su blusa le comienzo a acariciar la espalda, mientras correspondo sus besos y sigo saboreando sus labios. Mis manos la recorren y descubren que su cuerpo es como el de una diosa, me encuentro fascinado con la forma de sus caderas. Ella me acaricia también, con sus manos toca mi cara y mi cabello, sin despegar un solo instante sus labios de los mios. Ni siquiera puedo recordar la última vez que estuve así con una mujer. Finalmente, mis manos se atreven y comienzan a buscar la piel por debajo de su blusa. En mi vida habían estado mis manos en contacto con algo tan suave y delicado. Mis labios se despiden de su boca y comienzan, poco a poco, a recorrer su rostro, sus mejillas, los lóbulos de sus oídos, regresan por sus mejillas y comienzan a bajar por su cuello. Escucho salir un suspiro de su boca, y como se agita su respiración cuando de su cuello sigo bajando hacia su pecho. Con sus manos acaricia mi cuello y mi espalda, me aprieta un poco tratando de sentirme más cerca de ella.

«¿Te estorba algo?». Me dice al notar que yo sigo buscando rincones de piel sobre el cuello de su blusa. La toma entre manos y la hace pasar por encima de su cabeza. Ésto debe de ser la definición de belleza. Después de admirar su cuerpo y no evitar soltar una sonrisa, mis labios regresan pronto a besar su pecho mientras, con mis manos sobre su espalda, me disponía a desabrochar su sostén. Su respiración continuaba agitada, y se agravaba aún más cuando, por casualidad, uno de mis brazos pasaba rozando alguno de sus pechos. Pocas cosas me pueden excitar tanto como ver sus reacciones a mis caricias. Sus pechos eran hermosos, grandes, firmes, redondos. Con las puntas de mis dedos pasaba rozando uno de ellos, casi sin tocarlo, mientras que con mis labios, levemente humedecidos, besaba al otro. Entreabriendo un poco más mi boca dejé salir a mi lengua para rozar a uno de sus pezones que, en este momento, se encontraba ya completamente firme.

Así continuamos desvistiéndonos, mientras nos recostamos también en la cama. Su piel era perfecta. Con manos y labios resumí mi tarea de hacerle el amor a todo su cuerpo. Recorriendo y acariciando cada uno de sus rincones. Sus brazos, sus pechos, su abdomen, sus piernas. Sus piernas eran hermosas. También, de cuando en cuando, en el ir y venir de mis manos sobre su cuerpo, accidentalmente pasaban rozando su entrepierna, haciéndole estremecer así todo su cuerpo. Con besos continúo recorriendo su cuerpo de regreso, ahora sus piernas, luego su abdomen y pechos, para terminar recostado junto a ella besando su rostro y sus labios. Sus ojos azules brillaron como dos grandes perlas fijadas en mi rostro, mientras que una enorme sonrisa se dibujaba en el suyo. «Te quiero sentir dentro de mi».

Hicimos el amor deliciosamente. Y, aún después de terminar, pasamos horas despiertos. Abrazando nuestros cuerpos desnudos, platicando de un sin número de cosas. Ella me habló de su familia, de sus estudios, de sus metas y de sus ideales. Sin lugar a dudas una persona llena de sueños, ilusiones y, sobre todo, de muchas energías y ganas de conseguirlos. Yo tenía mucho que había perdido mis ilusiones, había llegado a esta etapa de la vida en que llegas a aceptar al mundo tal y como es. Un maldito caos, sin ningún sentido ni intención, donde tu mejor opción es pretender que todo está bien, seguir con la corriente y esperar que nadie se trate de aprovechar de ti. Sin embargo, estando junto a ella, mentí. Con emoción escuché de sus sueños e inventé también mis ilusiones propias que contar. ¡Quiero lanzarme de un paracaídas! ¡Quiero conocer nuevas ciudades! ¡Tomar muchas fotografías! ¡Adoro hacer figuras con los waffles! ¡Siempre he querido ver la aurora boreal! ¿Figuras de waffles? Hay veces que en realidad tengo muy poca imaginación.

Así pasamos toda la noche, comenzaba a amanecer y la habitación también a llenarse de un poco de luz. «Cierra los ojos», me dijo Suzie. Yo obedecí sin cuestionar. No lo podía creer, en mi vida me había sentido tan feliz, genuinamente feliz. Estaba esperando con los ojos cerrados a que ella hiciera algo, que me diera un beso, una caricia, que se yo. No pasaba nada. Ni un ruido. Nada. Finalmente abrí los ojos y me encontré allí. Solo. En mi habitación. No había nadie a mi lado. El lugar a mi lado estaba frío. Nadie había pasado la noche ahí. Pronto fue obvio lo que había sucedido, era de nuevo todo un sueño. Lo que me había despertado era la luz. Ya era tarde, pasadas de las ocho y media.

No tenía ganas de ir al trabajo. No tenía ganas de nada. Lo que quería era dormir, regresar a ese mundo de fantasía donde una mujer me amaba y donde yo era feliz. Resignado, sin embargo, me tuve que bañar, vestir e ir al trabajo. Era tarde así que decidí ni siquiera desayunar. Por supuesto tampoco fui a Starbucks, ahí no está Suzie, no mi Suzie, allí sólo se encontraba otra mujer sin sentimientos a quien le gusta burlarse de los hombres. Llegue al trabajo para encontrar una nota en mi correo pidiendo me reportara con mi jefe inmediato superior.

«Llegaste hoy tarde». «Lo siento, anoche no pude dormir muy bien y ...». «Sabes que la puntualidad es algo que valoramos mucho en ésta empresa». «Si yo estoy consciente de eso pero, ...». «No me interrumpas. Déjame terminar, tienes que entender que ...». «¡No! !Tú tiene que entender! ¡Que este trabajo me importa a mí una mierda! ¡Que lo que esta empresa valore me preocupa lo mismo que un carajo! ¡Que tú a mi me pareces un arrogante estúpido, qué no tienes ni puta idea del trabajo que hacemos aquí! ¡Y que si ganas más que yo es porque toda tu puñetera vida te la has pasado besando los culos de los demás!». Me dí la vuelta y salí de allí.

Regresé a casa y traté de dormir, pero sin conseguirlo. Estaba yo desesperado, no sabía que hacer. Me puse unos tenis y salí a correr, tenía que cansarme para regresar rendido a casa y finalmente poder dormir. Corrí por más de tres horas sin ninguna dirección en particular, a veces sin siquiera detenerme en los cruces para ver si venía algún auto. Afortunadamente vivo en un vecindario tranquilo, de otro modo no me extrañaría el haber muerto atropellado ese mismo día. Mi mente estaba en otro lugar, con Suzie, quería regresar con ella. Quería regresar a ese mundo donde yo era feliz, donde yo hacía el amor hasta el amanecer con una hermosa mujer llena de sueños e ilusiones. Finalmente lo conseguí. Acabé fatigado y tomé un camión de regreso a casa. Tenía hambre, pero ignoré a mi estómago, en lugar de eso me dí un baño y, después, fui a recostarme para dormir.

«Ábrelos». Una dulce voz susurró a mi oído. «Abre los ojos». Es difícil describir lo primero que vi, algo sostenía ella en sus manos, algo brillante. «Es mi corazón», dijo. Dí una segunda mirada y la forma comenzó a cobrar sentido. Era un collar del cuál, en efecto, colgaba una pequeña figura en forma de corazón. «Tiene nuestros nombres escritos». Yo le creí, sin embargo debo aceptar que me fue imposible leerlos. No lograba distinguir mucho más que unas marcas borrosas. «Es muy bonito. Te amo.», continué después de una pausa, «¿Sabes? Hoy renuncié a mi trabajo». Ella me contestó en tono de broma, «¿Renunciaste? ¿Cuándo? ¿Entre que cerraste y abriste los ojos?».

Nos levantamos y preparamos juntos algo de desayunar. Ella se veía hermosa, vistiendo sólo algo de ropa interior y una camisa mía abierta por el frente. «Oye, se me ocurre una idea, podríamos hacer algo interesante ¿por qué no tomas tu cámara? podemos salir a buscar algún bello lugar donde puedas tomar fotografías, yo podría ser tu modelo». Terminó la oración con un guiño en el ojo, recargando las manos sobre sus caderas, inclinando un poco el cuerpo a la izquierda y dibujando en su rostro una de esas sonrisas que me encantan. Yo correspondí con una de mis propias sonrisas, «Es una excelente idea».

Sin mucho esfuerzo pronto encontramos un pequeño lago, rodeado de altos y frondosos árboles verdes. El cielo rojizo viste unas pocas nubes y sirve de escenario a un grupo de aves que viajan en formación dándonos la bienvenida al lugar. Los reflejos en el agua, formando ondas cuando alguna de las aves entra o sale del lago, son increíbles. Perfecto para satisfacer mi fascinación con los reflejos en las fotografías. Al fondo una cabaña de madera complementaba la vista dándole un aire de calidez y habitabilidad al lugar. Es extraño que no hubiera conocido yo antes este lugar, estando a tan sólo tres pasos de mi patio trasero.

Saqué mi cámara y no paré de tomar fotografías. Al paisaje, al lago, a la naturaleza y a mi modelo. Con algo, poca y nada de ropa. Más tarde, cuando el sol se comenzó a poner, aparecieron de inmediato la luna y las estrellas. Pareciera como si todo el universo conspirara para permitirme capturar, en un solo instante, la imagen más perfecta que pudiera ser jamás compuesta. El cuerpo desnudo de la mujer que amo, con sus ojos y sus pechos mirándome de frente. Su piel siendo bañada por la luz de la luna, las estrellas resaltando su silueta. Y todo ésto siendo visto desde el reflejo del lago.

Como el viento comenzaba a soplar más frío, decidimos buscar resguardo en la cabaña. Todo se encontraba como si hubiera sido preparado especialmente para nosotros, la chimenea encendida y un par de copas junto a una botella de vino nos esperaban sobre una mesita. Bebimos un poco y jugamos humedeciendo nuestro cuerpo con el vino para recogerlo después con la lengua. Así nos continuamos besando e hicimos lentamente el amor junto al fuego. «Ya sé que ésto no es real, que sólo eres un sueño, pero quiero pasar el resto de mi vida contigo. Quiero casarme contigo». Ella me miró a los ojos y comenzó a formar una sonrisa.

Por alguna incomprensible y estúpida razón, probablemente el hambre, entonces desperté y abrí los ojos. Estaba yo furioso. De vuelta en este miserable mundo real donde a nadie le importo y donde mi vida no tiene ningún sentido. Lleno de ira tomé mis llaves, cartera, dinero y salí corriendo de la casa. La mente se me nublaba un poco, pero mi objetivo era claro, tampoco tenía que caminar demasiado. Son sólo dos cuadras de frente y luego hay que dar vuelta a la derecha. En efecto, no mucho después llegué a mi destino. «Necesito algo para dormir. Algo fuerte».

De regreso en casa llené un baso de agua y tomé una pastilla. Respiré hondamente. Nada, no sentía yo nada, ningún efecto. Esto es ridículo. Tomé otra pastilla, y luego otra más. «¡¿Por qué no puedo dormir?!» En mi desesperación seguí tomando pastillas, una tras otra. Hasta que algo me detuvo. Un estruendo. Alguien golpeaba la puerta, fuerte e insistentemente. «¿Quién está ahí?». Nadie contestaba, pero los golpes en la puerta continuaban. Comencé a sentir algo de miedo fluyendo por mis venas. Finalmente me acerque a la puerta y, lentamente, la comencé a abrir. No había nada. Literalmente. Nada. La calle, los árboles y las casas de mis vecinos habían desaparecido. Ante mi sólo un espacio inmenso y completamente vacío. Regresé corriendo al interior de la casa. Estaba, obviamente, asustado y desconcertado pero, lo más extraño aún, es que todo se sentía real. Yo no me sentía mareado ni aturdido, como debería de estarlo después de casi terminarme una caja de somníferos. Esto no era un sueño. Lo comprobé pellizcándome varias veces en los brazos, el dolor estaba allí.

Luego vino un terrible zumbido que hizo estremecer todo mi cuerpo. El sonido, que inició agudo e insoportable, fue perdiendo volumen poco a poco hasta convertirse en murmullos. Los ruidos venían de la cocina, alguien estaba allí. Me acerqué y las voces se tornaron más claras, «... algo interesante ¿por qué no tomas tu cámara? podemos salir a ...». Mi mente se negaba a aceptar lo que mis ojos se empeñaban en ver. Suzie, tal cómo lo hizo esta mañana, terminaba de mencionar aquella frase y llevaba sus manos a la cintura para hacer una pose sensual. Y frente a ella, yo. No yo, sino otro yo. El yo que estuvo con ella esta mañana, supongo. «¿Suzie?», traté de llamar su atención. Ambos voltearon a verme. O, mejor dicho, sus caras se voltearon en mi dirección. No creo que pudieran verme, pues las cuencas de sus ojos se encontraban vacías.

«¿Qué haces aquí?», una voz detrás de mí me llamó, al tiempo que un par de brazos rodeaban mi cuerpo y un rostro se asomaba por mi hombro. Gire la cabeza muy lentamente, con miedo, pero pronto sentí un gran alivio. Era Suzie quien me abrazaba y sus ojos azules, hermosos como los recuerdo, se encontraban apropiadamente en su lugar. «La cocina ...», apenas pude balbucear mientras giraba la cabeza de regreso y extendía mi brazo para apuntar hacia ella, «... está ... vacía». «¿De qué hablas?», ella me contestó con una risita, luego continuó con su cara seria, «¿Pero? ¿Qué haces aquí? Me dejaste sola en la cabaña, tuve que regresarme sola caminando». «Lo siento, creo que de nuevo desperté, tengo que encontrar la forma de quedarme por siempre aquí conti...», fui interrumpido de nuevo por una secuencia de ruidos extraños. Suzie se prendió más fuerte de mi cuerpo.

Las luces se comenzaron a extinguir. Y las paredes a nuestro alrededor, también. La casa adquirió una propiedad fantasmal. Era posible ver la cocina, a través de las paredes, la recámara y el baño a través del techo. «¿Qué está pasando?», sin soltarnos caminamos hacia el centro de la sala mientras observábamos cómo desaparecía la estructura de la casa. Los muebles le siguieron. Pronto era posible ver también a través de sillas, mesas y sillones. Traté de tocar con mi mano uno de los muebles, tarea que probó ser imposible. Mi mano se seguía como si no existiera ahí nada. Entonces, lo que mas temía, comenzó a suceder también. La mujer entre mis brazos empezó a tornarse pálida. «No entiendo, ¿qué me está pasando? ¡No me quiero ir! ¡Yo te am...».

Entonces me encontré totalmente solo. No sé si cerré los ojos o, simplemente, ya no había nada más que ver.



«... los vecinos llamaron, el olor proveniente del departamento les hizo sospechar que algo malo había sucedido». «¿Y ya sabemos cuál fue la causa de muerte?», preguntó el detective de mayor rango. Uno de los investigadores se acercó al cuerpo que yacía inmóvil en el suelo y levantó una pequeña caja. «¿Una sobredosis de Diphenhydramine les parece una buena teoría?».

domingo, 25 de marzo de 2007

Multiverso

‘... yo no me quiero ir, pero es que no podemos continuar si las cosas siguen así. Y la pregunta es muy sencilla Mario, después de todos los problemas, y de todo lo que nos ha pasado, ¿aún me amas?’

Claro que la pregunta es sencilla, pero no es nada fácil de contestar, después de tanto tiempo que hemos vivido juntos, y es que claro que te amo, muchísimo, pero no podemos dejar que las cosas sigan así, que caso tiene seguir juntos si parece que lo único que hemos sabido es lastimarnos y hacernos daño... ‘Ana, creo que... creo que ya no te amo.’

‘¡Pues entonces qué estúpido caso tiene que siga yo aquí!’ De un golpe Ana levantó la maleta que había preparado con sus cosas al mismo tiempo que daba la vuelta para salir del departamento que había sido su hogar en los últimos cinco años.

Mario se quedó solo en la recámara. Pensando, repasando una y otra vez en su mente todo lo que acababa de ocurrir. ‘Eres un idiota, ¿por qué la dejaste ir?’ Ya era tarde, y aunque sabía que no podría descansar gran cosa, lo mejor sería tratar de dormir algo. Mañana lo espera otro largo día de trabajo, donde a nadie le importarían sus problemas personales, sólo el hecho de que la presentación del siguiente proyecto tiene que ser terminada antes del viernes.

Y estaba Mario apenas conciliando el sueño cuando fue traído de vuelta a la realidad para encontrarse besando a Ana a quien tenía entre sus brazos. Los dos se besaban apasionadamente mientras se quitaban el uno al otro la ropa. ‘¿Decidiste volver?’

‘¿De qué hablas? Nunca me fui.’

Son las 8 de la mañana, Mario despierta, y se encuentra de nuevo solo. Ana no está. Pero sí está la ropa de ella en el suelo y la maleta junto a la puerta. Se escucha también el sonido de la regadera. Mario se levanta y sale de la recámara hacía la cocina donde enciende la cafetera. Se alcanza a escuchar como cierran la llave de la regadera y unos segundos después suena el teléfono.

‘¿Mario? Soy Lucía, Ana vino anoche destrozada y se quedó aquí conmigo.’

‘¿Ana? ¿De qué hablas Ana está aquí con...’ En ese momento Mario entraba de nuevo en la recamara para encontrarla vacía. La ropa y la maleta de Ana habían desaparecido.

‘Ella está muy mal. Quiere hablar de nuevo contigo para tratar de arreglar las cosas. Dale por favor otra oportunidad, después de tanto tiempo que han vivido juntos, ¿puedes verla a la una en el café 22?’

No entiendo, ¿qué está pasando? ¿fue todo un sueño? ¿será bueno que la vea de nuevo? ‘¿A la una? Si, está bien, dile que voy a estar ahí. Pero, entonces, ¿ella está contigo ahora?’

‘Sí, aquí está, no te preocupes. Va a estar ella aquí conmigo, yo le digo que se ven entonces a la una. Si hacen tan bonita pareja, ¡por qué se pelean!’

Dos horas más tarde estaba ya Mario en el trabajo y, después de inventar alguna excusa por haber llegado tarde, se encontraba frente a su computadora trabajando en la presentación. O al menos pretendiendo que lo hacía. Su mente estaba completamente perdida en otro lugar.

Hasta que, nuevamente, fue traído de regreso al mundo por un sonido mecánico y repetitivo. Esta vez se trataba de un mensaje en el celular: “Te amo. Sé que aunque querías no podías quedarte. Mucho éxito con la presentación! Te espero en casa para comer. Ya te extraño!” ¿En la casa? ¿No dijo Lucía que en el café? ¿Aún tiene Ana sus llaves?

Después de inventar otro pretexto, que por supuesto a su jefe no le hizo ninguna gracia, Mario salió del trabajo regreso a casa para buscar a Ana. Nada parecía hacer sentido. Anoche, ¿Ana se fue con Lucía? ¿Qué hace ahora ella en la casa? Quizá el ver a Ana y hablar con ella traerá respuestas.

Acaba de entrar Mario por la puerta cuando escucha que alguien lo llama de la cocina. ‘¿Qué haces? ¡Ven a ayudarme con la comida!’ Mario cerró la puerta y se dirigió a la cocina donde finalmente la vio a ella, apenas vestida con ropa interior y una camiseta, picando verduras para preparar algún platillo. ‘¿Saliste? ¿Qué hacías afuera? ¿Te aburriste de pasar toda la mañana conmigo y ya te querías ir?’

‘No.’ Nada hacia sentido para Mario, y no supo nada mejor que contestar.

‘Anda, ayúdame, ¿puedes ver si queda algo de pimienta en la alacena?, aquí ya no hay nada.’

Aún con la mente prácticamente paralizada, y pareciendo que lo que más tenia sentido era seguir aquellas órdenes, Mario abrió la puerta de la alacena para buscar el condimento en cuestión. ‘Aquí está.’ Cierra la puerta y de pronto lo único que puede ver de frente es su propia mano sosteniendo un frasco con pimienta. Ana se ha ido. La cocina está vacía, y nadie parece haber estado en ella desde esta mañana cuando él mismo entró para encender la cafetera.

El celular suena de nuevo. Esta vez no es una llamada ni un mensaje, es un recordatorio que él mismo había puesto: ‘1pm. Ver a Ana en el 22’. La lógica ha dejado de funcionar desde hace horas y, en este momento, lo que Mario necesita desesperadamente es una explicación.

‘¿Gusta algo de tomar mientras espera?’ preguntó el mesero del café 22.

‘Sólo un café, gracias.’ ¿Qué diablos ha estado pasando todo el día? ¿Dónde está Ana? ¿Vendrá a la cita? Nada de esto tiene sentido. ¿Es acaso todo esto una complicada y elaborada broma que alguien me está gastando? Eso tiene aún menos sentido.

Media hora después de razonamientos infructuosos, al frente se encontraba con una taza de café vacía y ninguna Ana. Tomó su celular y decidió hacer una llamada. ‘¿Lucía? ¿Sabes donde está Ana? La estoy esperando aquí en el café, pero parece que ella no ha llegado.’

‘¿De qué hablas Mario? ¿Te gusta jugar el papel de idiota? En la mañana me dijiste que no querías volver a verla. Y la pobre no ha hecho más que llorar conmigo todo el día. ¡Eres un estúpido inmaduro!’

El mesero debió de adivinar por la cara inexpresiva de Mario mientras colgaba el teléfono que su cita no lo acompañaría esta tarde. ‘¿Se le ofrece algo más?’

‘No. Gracias. Quizá lo único que necesito es descansar.’ Mario dejó un billete sobre la mesa, y se levantó para caminar hacia la salida.

‘¿Mario? ¿A donde vas?’ Al dar la vuelta Mario vio a Ana que salía de los sanitarios del café y venía caminando hacia él. En la mesa de donde él se acaba de levantar habían dos tazas de café vacías. ‘¿Te ibas a ir así sin despedirte?’

‘¿Ana? ¿Pero... qué está pasando? De pronto estás aquí, de pronto te desapareces. Acabo de hablar con Lucía, que me dice que estás con ella. Y luego estás aquí, y hace un momento en la casa. No entiendo. ¿Me estoy volviendo loco?’

‘¿De qué hablas? Mario. Tranquilo. Aquí he estado yo contigo, desde hace más de media hora. Platicando los dos juntos. ¿Cómo que desaparezco?’

‘Anoche me preguntaste, si yo aún te amaba.’

‘Lo sé, y me dijiste que no. No me lo recuerdes.’

‘Pero entonces regresaste, y pasamos la noche juntos.’

‘¿Cómo? Yo estuve con Lucía. ¿Te acostaste con alguien?’

‘Si. Contigo.’

‘Mario, esto no tiene ninguna gracia, y me estás haciendo enojar...’

‘Pero luego en la mañana, no estabas. Y me llamó Lucia, y yo le dije que te vería aquí en el café. Pero luego, cuando estaba yo en el trabajo, llegó un mensaje tuyo, diciendo que estabas en la casa. Que ahí me estabas esperando.’

‘¿De qué hablas?, yo no envié na...’ En ese momento Mario buscó el mensaje en el celular y se lo mostró a Ana. ‘Bueno, ese es mi número, pero...’

‘Es como si hubiera otra Ana, que anoche se quedó conmigo, y esta mañana se quedó en casa esperándome, la que me envió el mensaje.’

‘Pues eso habría hecho, si no hubieras dicho que no me...’

‘Bueno, y hay otras Anas. Otra de ellas piensa que estuve con ella toda la mañana, y también la otra que, según Lucia, le dije que no quería volver a verla. Es como si, a veces decidiera algo, y al mismo tiempo lo contrario... y experimentara las consecuencias de todas mis decisiones opuestas. Y no sé qué hacer. ¿Cómo puedo salir de aquí?’

‘Sabes que lo que dices no tiene mucho sentido, ¿verdad? Pero lo del mensaje, es muy extraño. Mira, yo no envié nada desde mi celular. ¿Y si lo que dices es cierto? Quizá el problema es que no te atreves a tomar tus decisiones y... ¡No! Mario, esto no tiene ningún sentido. ¿Estás jugando conmigo?’

‘No sé. Para mí el mundo ha dejado de tener sentido.’

‘Pues... quizá... sólo tienes que aclarar tu mente y... decidirte. Mario, ¿aún me amas?’

sábado, 9 de diciembre de 2006

La Creación de la Primavera

Hija, mira todo lo que he creado para ti. Todo esto que puedes ver, aquí a tu alrededor, es todo tuyo. Es un regalo que te he hecho con todo mi amor y mi cariño. Mira estos árboles, con sus troncos zigzagueantes y las ramas que se organizan caprichosamente en capas horizontales. ¿Te gusta como se ven? Cada una de sus formas las diseñé yo cuidadosamente para ti. ¡Y los colores! Mira cuántos tonos de verde, dispuestos armoniosamente para crear este paisaje. Junto con aquellos tintes rojizos donde las hojas parecieran estar absorbiendo el color del sol.

Fíjate en el lago, tiene el agua más pura y cristalina, y ese también es tuyo. En él puedes ver tu reflejo, la imagen de tu dulcísima belleza, al mismo tiempo que le da una curiosa simetría a la vista del lugar. Mira aquel par de árboles, como crecieron entre ese grupo de rocas en medio del lago. Se extienden como si trataran de llegar a lo más alto posible, mientras que su reflejo quiere alcanzar el cielo que parece esconderse debajo del agua.

Y mira también el jardín, bañado por aquel arrollo que busca su camino entre las piedras, lisas y redondas, permitiéndole crecer a todas estas plantas y flores a su alrededor. ¿Y qué me dices de los cerezos? Sé que siempre te han encantado sus pequeñitas flores blancas y rozadas que, justo en esta época, hermosa Primavera, comienzan a brotar hasta que, poco a poco, habrán cubierto toda la vista del jardín.

Además, eres libre de hacer en este lugar lo que tú quieras. Puedes correr en los jardines, puedes nadar en los lagos y caminar por los bosques. Tienes todo este paraíso para ti, para admirarlo y cuidar de él. Cuéntame entonces, ¿por qué teniéndolo todo aquí a tus manos, aún sientes que te falta algo?

Tú sabes cuánto me gusta todo lo que has hecho para mi. Y todo mi corazón nunca será suficiente para poder expresar el agradecimiento que siento. Me encantan los jardines y todas sus flores, adoro todos y cada uno de los pequeños detalles que te esmeraste en colocar. Me fascina también la majestuosidad que impone este lugar. Sin embargo, y a pesar de todo, no puedo evitar sentirme... sola.

Hija mía, ya lo hemos discutido, ¿estás segura de que éso es lo que quieres? Si traigo a más personas a este mundo, ellas tendrán la misma libertad que tú. Y, sin yo tener ningún control, todo podría suceder. Seguro que pronto aparecerían el odio, la envidia y el rencor. No habrá nada que evite que otros puedan mentirte, engañarte o hacerte sufrir. Ni tú misma tendrás control sobre tu vida, es difícil tomar decisiones, y muy sencillo arrepentirse. No quisiera que termines llena de remordimientos, de culpas y de frustraciones que no te corresponden.

Lo sé, me lo has dicho. Pero es que me siento, sola. En verdad quisiera poder compartir este mundo, mi vida y todas mis experiencias con alguien más. ¿Es éste el precio que tengo que pagar para tener derecho al amor, la felicidad y finalmente sentir que mi vida vale la pena?

lunes, 28 de agosto de 2006

Caos y efecto

Ana Isabel sigue recostada sobre la cama, justo como cayó en ella rendida anoche después de la fiesta. Lentamente, aún sin estar totalmente consciente, comienza a abrir los ojos y gira la cabeza buscando el despertador. La imagen es todavía borrosa, y poco a poco se comienzan a distinguir los números: “82:60”. Por un momento no entiende nada. “¿Cómo? ¿Qué pa..? ¡No! ¡Madres! ¡09:28! ¡Me quedé dormida! ¡Ya es tardísimo!”

José Luis está, como todas las mañanas, ya listo en la parada esperando el camión para ir a la universidad. Como todas las mañanas, el camión llega también puntual a la parada. Él sube y paga el pasaje al conductor, entonces dirige la mirada a los asientos. Ella no está. En el lugar donde normalmente se sienta ella, está sentada otra chica con los ojos llorosos. Él decide sentarse y platicar con ella.

Lorena baja corriendo del camión. No estaba segura, pero las palabras de ese chico la acaban de convencer. Busca un teléfono público y llama a su casa. Nadie contesta. Con la voz entrecortada deja un mensaje en la contestadora. “Mamá. Lo siento, ya lo estuve pensando. Amo a Manuel, y me voy a ir con él. Lo siento, sé que no me entiendes, sé que piensas que lo nuestro no va a funcionar. Pero yo lo amo, y me tengo que ir con él. Lo tengo que intentar. Vamos a tomar hoy el avión a Barcelona.

Sofía sale a toda velocidad en su camioneta de la cochera de su casa. Tiene que llegar al aeropuerto. Tiene la mente nublada. No sabe en qué pensar. Y al mismo tiempo piensa en todo. Su hija, está a punto de hacer una tontería. No puede pensar en otra cosa, tiene que llegar lo antes posible. Verde, verde, amarillo, verde, verde, amarillo, amarillo. Rojo. Sofía no se detiene. Tampoco el coche que cruzaba la avenida por la derecha.

El tráfico se ha detenido completamente. Gloria baja de su auto, con las manos temblando. Ha habido un accidente en el cruce justo delante de ella. Está impresionada. “¡Alguien llame una ambulancia!”, escucha gritar a un hombre que se ha acercado al lugar del incidente. Con las manos que siguen sin dejarle de temblar saca de su bolsa un celular y con dificultades consigue terminar de marcar un número completo.

¿Bueno?... no, aquí no... ¿a quién busca?... con calma señorita, perdón, no le puedo entend... si, pero tranquila... ¿una ambulancia?... no yo no le puedo enviar una ambu... por favor señorita, guarde la calma, para que nos podamos entender... si, me imagino que debe de ser muy grave, pero... mire, si se tranquiliza puedo tratar de ayudarla... ¡no señorita!, ¡a mi no me pagan con sus impuestos!... ¿qué le pasa? ¡no me insulte!... ¿cómo?... ¡pues entonces se puede ir usted al carajo!... ¿en qué estaba?... ¡No! ¡Los frijoles! ¡Por estar hablando con esta loca! ¡María! ¡Ya se me quemaron los frijoles! ¡Vete a comprar otras dos latas!”

María sale de la casa de su patrona camino a la tienda de abarrotes. No es un camino muy largo, apenas unas seis o siete cuadras. Al dar vuelta en una esquina se encuentra, totalmente por sorpresa, a su hijo. Aún más furiosa de lo que el rojo de su rostro pudiera demostrar, agarra a Pablito y se lo lleva a rastras de una oreja. “¿¡Pero cómo es posible!? ¿No deberías de estar en la escuela chamaco irresponsable? ¡Pero vas a ver con tu papá, ahora que lleguemos a la casa! ¡Escuincle fodongo!”

Pablito había pasado los últimos meses ahorrando todos sus domingos. Mañana es el cumpleaños de su mamá y hoy se había escapado de la escuela para poder comprarle un regalo. Si tan sólo Ana Isabel se hubiera levantado más temprano.

sábado, 12 de agosto de 2006

Ouroboros

Nada. Vacío. Parece que no hay nada por aquí. Y al mismo tiempo, es inmenso. Todo lo que existe esta allí. Justo allí. Al frente. De pronto, en medio de la nada, surgen puntos de luz llenando todo lo que estaba vacío. Muchos puntos. Diminutos. Un gran vacío lleno de más de cien billones de puntos. Algunos cerca de otros forman pequeños grupos. Otros se mantienen alejados y rodeados sólo de vacío. Los puntos son diminutos, pero cada uno de ellos está formado por aún más puntos. Nubes de puntos. Densas nubes de puntos. Desde decenas hasta miles de nubes forman a cada uno de los puntos originales. Hace frío. Mucho frío.

Uno de los grupos tiene como treinta o cuarenta nubes. Nada parece moverse y, al mismo tiempo, algunas de las nubes parecen girar al rededor otras. Unas son grandes, otras más pequeñas. Tienen formas diferentes. Algunas parecen puntos gordos de luz, otras los restos regados de algo que se rompió en mil pedazos al caer al suelo. Hay también formas más peculiares. Hay remolinos. Hay espirales. Hay estructura.

Y habiendo tanto espacio vacío en todas direcciones, una de las espirales se encapricha en formar un disco plano. Cuatrocientos billones de puntos brillantes, gas y polvo, forman los cuatro brazos de la espiral que rodean a la zona brillante de luz en su interior. La nube de puntos parece muy densa y, al mismo tiempo, la distancia entre un punto y otro es inmensa. Los puntos también se mueven pero, a esta distancia, todo parece aún estático e inmóvil.

Pero estos puntos son diferentes. No están hechos de "más puntos". No. Cada uno de ellos es una gran esfera que emite constantemente luz sin parecer agotarse nunca. Son calientes, arden. Entre tanto espacio frío y vacío hay esferas de luz llenas de energía y de calor.

Una de las esferas, al igual que ocurre con casi todas ellas, se encuentra rodeada por fragmentos de rocas. Una decena de rocas diminutas, cientos de piedras aún más pequeñas, e incontables fragmentos de tamaño insignificante; todas siguiendo complicadas trayectorias al rededor de la esfera luminosa.

El movimiento es lento y escaso. Sólo en una de las rocas, la quinta de ellas en tamaño, parece haber más actividad. Una canica azul cubierta de manchas blancas sin forma. Debajo de las manchas blancas casi toda la superficie es azul, salvo algunas zonas con un tono más obscuro entre verde y café. Tanta diversidad de colores cuando antes no se podía ver nada más que blanco y negro. Más color, más diversidad y más movimiento. Pero sólo un poco más.

Esparcidos por las áreas cafés-verdosas hay también algunos sitios pequeños, poco más de mil de ellos, cuyo tono se torna un poco gris. En estos sitios grises se puede observar mucha más estructura. Lineas cruzan de un lado a otro como tratando de imponer un orden en algo que no lo tiene. Y hay mucho más movimiento. Seres pequeñitos van y vienen de un lado a otro sin parecer tener un destino claro.

Uno de estos seres, escondido en una caja de un tono azul claro, está sentado frente a una máquina llena de botones con letras. Mira de frente una pantalla con un gran cuadro blanco vacío. Quiere escribir algo, pero aún no sabe qué.

De mi vida? No. Mi vida no es muy interesante. Qué tal del... clima? No, muy aburrido. Anda, piensa, debes de tener algo interesante que decir. Escribe lo primero que te venga a la mente.

Nada. Vacío.

Mmm. Así no vamos a llegar muy lejos. Una idea, una idea. Ya se, cuenta una historia, de... algo... de algo... interesante!. Jaja, a este ritmo voy a acabar escribiendo algo de como no se me ocurre nada que escribir. Mmm... no, ya, en serio. Vamos. Una idea. Creo que no se me ocurre ninguna idea.

Parece que no hay nada por aquí.

Nada, nada, nada... y si hablo de... todo? de todo lo que hay!? sí! de todo! puedo hablar del universo! y de... de las galaxias, y como forman grupos... y... y luego, nos fijamos en nuestra galaxia, que esta rodeada de otras galaxias cercanas, cuántas serán?.. bueno, no importa... entonces está nuestra galaxia, la vía láctea, y luego.. pues hay estrellas, las galaxias están formadas de estrellas, y los planetas, que giran, y las lunas, y cosas, bueno, las cosas que giran al rededor del sol y... entonces llegamos a nuestro planeta, a la tierra, y nos seguimos acercando y vemos, pues.. pues vemos ciudades.. si, las ciudades más grandes se podrán ver... hasta que llegamos, a... pues aquí, por qué no.. si llegamos a aquí, donde estoy yo escribiendo y sin muchas ideas y luego.. pues se me ocurre una gran idea... y en un frenesí de palabras describo en un sólo párrafo todo lo que se me va ocurriendo.

Y... luego? Qué pasa después? Lo más normal sería que comenzara a escribir la historia, del universo y eso, no? Pero... no se... siento que... ya está escrita. Ya la leyeron, o no? Y entonces... Yo? ¿Quién soy yo? ¿Un personaje de la historia? ¿Producto de mi propia imaginación?