domingo, 6 de junio de 2010

El Día de la Toalla

El pasado 25 de mayo se celebró el Día de la Toalla. Yo en ocasiones pasadas lo he celebrado aquí en el blog y este año lo festejé con una pequeña mención en twitter.

Sin embargo, después de ver las reacciones de confusión o indiferencia de algunos amigos, me di cuenta que en efecto prácticamente nadie sabe lo que celebra ese día. Y quienes si ‘saben’ tienen la impresión de que esto no es mucho más que una gran ñoñada un poco tarada (aunque algo de eso es verdad). Sin embargo me parece triste que el verdadero motivo de la celebración sea ignorado prácticamente por todos, incluso quienes ‘celebramos’ el día solemos olvidar mencionarlo.

En el Día de la Toalla se celebra a la vida y obra de Douglas Adams, de quien yo ya me he declarado como su admirador. Él es el autor de The Hitchhiker's Guide to the Galaxy, una comedia que inició en la radio en la BBC y eventualmente se convirtió en una serie de novelas publicada en una “trilogía en 5 partes”. Es también en “La Guía” donde aparece por primera vez el chiste de “la toalla” que le da nombre al día en que lo celebramos.

Sin embargo Douglas fue mucho más que un comediante del género “humor ñoño inglés”. Él era también un fan declarado de la ciencia y la tecnología—notablemente fue uno de los primeros “Apple fanboys”—así como un gran promotor de la protección a los animales y el medio ambiente. Él estaba fascinado con el Internet y fue un activo usuario de las primeras comunidades en línea (en ese entonces newsgroups y los primeros foros). Desafortunadamente él murió repentinamente y relativamente joven en el 2001, a los 49 años de edad, justo antes del boom del web 2.0. Lo que es una lástima, porque de otro modo yo sería hoy definitivamente un fiel follower del “Blog de Douglas Adams” que sin embargo nunca pudo existir.

Hace un par de años la Universidad de California publicó en YouTube una de las últimas pláticas que Douglas Adams ofreció al público pocos meses antes de su muerte. La plática lleva el título Parrots, the Universe and Everything y habla sobre animales en peligro de extinción, así como del impacto que los humanos estamos teniendo en el medio ambiente y de la responsabilidad que tenemos para con él. El material está basado en Last Chance to See, uno de sus últimos libros escrito junto con el zoologista Mark Carwardine.

El video es es algo largo (dura casi hora y media) pero yo les recomiendo ampliamente que se busquen un rato libre en algún fin de semana y lo vean todo. Para darles una probadita, o si no tienen tanto tiempo para ver todo el video, les comparto aquí un extracto (traducido al español) de algunas de mis partes favoritas. Los interesados pueden leer también el transcript completo en inglés.

De los animales que fuimos a ver, uno de mis favoritos es el kakapo. El kakapo es una especie de perico que vive en Nueva Zelanda. Es un perico que, sin embargo, ha olvidado cómo volar. Tristemente, el perico ha olvidado también que ha olvidado cómo volar. Se dice que un kakapo terriblemente preocupado subió alguna vez a un árbol y saltó desde él. La opinión está divida sobre lo que ocurrió después: algunos dicen que desarrolló una primitiva especie de paracaidismo, otros dicen que vuela más bien como lo hace un ladrillo.

Y hablo de un kakapo terriblemente preocupado, pero la verdad es que es muy poco probable que te encuentres con un kakapo preocupado ya que, además, los kakapos no han aprendido a preocuparse. Parece algo realmente extraordinario porque preocuparse es algo para lo que todos somos increíblemente buenos, que nos sale de manera muy natural, y pensamos que debe de ser algo tan natural como respirar. Sin embargo resulta que preocuparse es un hábito que, como cualquier otra cosa, se adquiere. Es algo que estamos genéticamente predispuestos para hacerlo o no hacerlo. Y lo que ocurre es que el kakapo se desarrolló en Nueva Zelanda donde, hasta antes de que arribó el hombre, no había ningún depredador. Y son los depredadores quienes, después de varias generaciones, te van enseñando a preocuparte. Y si no tienes depredadores, nunca se te va a ocurrir la necesidad de preocuparte.

De hecho hay otro ejemplo de esto en las Islas Galápagos, donde hay una especie de animal llamado alcatraz patiazul (Blue-footed Booby). El alcatraz patiazul se llama así, me parece, por dos razones: la primera de ellas tiene que ver con el color de sus pies, y la segunda tiene que ver con esta forma de comportamiento que voy a describir a continuación. Aparentemente uno puede caminar hacia un alcatraz patiazul, que estará por ahí sentado en la playa o sentado en una rama, llegar hasta el y hacer algo así como levantarlo con las manos. Y lo que el alcatraz estará pensando es que una ves que hayas terminado con él, lo vas a poner de regreso en su lugar. Y si no has enfrentado generación tras generación a seres tratando de comerte, es muy fácil llegar a esa conclusión.

Así que, como dije, el kakapo se desarrolló en un ambiente sin depredadores. Todos ellos eran aves y, como la naturaleza tiende a ser muy oportunista, las formas de vida fluyen hacia cualquier nicho en que sea posible desarrollar una vida. Si puedo ser algo atrevido y antropomorfizar por un momento, es como si algunas de las aves hubieran pensado, “Esta cosa de volar, es muy muy costosa. Requiere de mucha energía. Tienes que comer un poco, volar un poco, comer un poco, volar un poco. Porque cada ves que comes algo estás más pesado y cuesta más trabajo volar, así que tienes que comer un poco, volar un poco. Digo, ¡deben de haber otras formas de vivir!” Y es como si algunas de las aves hubieran dicho, “Sabes, lo que podríamos hacer es tomar una comida más grande, ¡y después contonearnos dando una caminada!

Así gradualmente, después de varias generaciones, muchas de las aves perdieron su habilidad de volar y tomaron la vida terrestre: el kiwi, el ave más famosa de Nueva Zelanda, el weka, así como el viejo perico de la noche—como se le suele llamar—el kakpo. El kakapo es un tipo de ave grande, gorda, suave, plumosa y lúgubre. Y como nunca aprendió a preocuparse, cuando el hombre arribó y trajo consigo a estas fieras mortales que son los perros, gatos, armiños y el animal más destructivo de todos (después del hombre) que es Rattus rattus, la rata de los barcos, de pronto todas estas aves se encontraron ¡contoneándose por sus vidas! Excepto que, de hecho, no sabían como hacerlo. Porque cada vez que eran confrontadas por un depredador no sabían que hacer, no sabían cual era la norma social, ellas sólo esperaban ahí a que el otro animal realizara su siguiente movimiento que, por supuesto, usualmente era bastante repentino y mortal.

Así que de pronto, de haber una población de probablemente unos cientos de miles de estas aves, su población cayó estrepitosamente hasta poco menos de cuarenta, que es donde aproximadamente se encuentra ahora. Y hay grupos de personas que dedican sus vidas enteras en tratar de salvar y conservar a estos animales. Pero un problema con el que se han encontrado estas personas es que no sólo protegerlos de los depredadores es muy muy difícil. El siguiente problema son los rituales de apareamiento del kakapo, los cuales son increíblemente tardados, fantásticamente complicados, y casi completamente ineficaces.

Algunas personas dicen que el llamado de apareamiento del kakapo macho intencionalmente ahuyenta a la kakapo hembra. Que es el tipo de comportamiento que de otro modo sólo encontrarías en las discotecas. Las personas que han escuchado el llamado de apareamiento del kakapo macho te dirán que apenas se puede escuchar. Este animal, durante unas cien noches al año, realiza su ritual de apareamiento que inicia buscando un gran agrupamiento rocoso con vista hacia los grandes valles de Nueva Zelanda. Y es que la acústica es muy importante para lo que está a punto de ocurrir. El kakapo prepara una especie de cuenco entre las rocas, se sienta en él, y expulsa todo el aire que tiene en esta especie de sacos en sus pechos. Es una especie de cámara de reverberación. Y se sienta ahí, noche tras noche tras noche, unas cien noches del año, durante ocho horas cada noche, interpretando los primeros compases de The Dark Side of the Moon. Que, como podrán recordar, empieza con esta grandiosa especie de boom, boom, boom. Es como el sonido de un latido de corazón, y este es el sonido que hace el kakapo. Pero es un sonido tan profundo que más que escucharlo, realmente lo sientes, como una vibración en la boca de tu estómago.

Resulta, de hecho, que éste es un sonido grave. Un sonido grave y muy profundo apenas por debajo de lo que podemos escuchar. Resulta también que los sonidos graves tienen dos características importantes. La primera de ellas son estas grandes y largas ondas de sonido que viajan enormes distancias, y que llenan a los grandes valles en Nueva Zelanda. Y eso está bien. Eso está bien. Pero hay otra característica de los sonidos graves, con la que pueden estar familiarizados si tienen uno de estos equipos de sonido estéreo que pueden comprar. En los que tienes dos pequeñas bocinas que te dan los sonidos agudos, y esas las tienes que posicionar con mucho cuidado dentro del cuarto, porque son las que definen la imagen estéreo del sonido. Y luego tienes también lo que se conoce como un subwoofer, que es la caja que va a producir sólo los sonidos graves, y que puedes poner donde quieras en cualquier lugar del cuarto. Puedes ponerla detrás del sillón si quieres, porque otra característica del sonido grave—y recuerden que estamos hablando de la llamada de apareamiento del kakapo macho—¡es que no puedes saber de donde viene!

Así que imaginen, si gustan, a este kakapo macho sentado allí arriba, haciendo estos booms de sonidos que, si hay una hembra por ahí—que probablemente no la hay—y si le gusta el sonido de este boom—que probablemente no es así—¡entonces no puede encontrar a quién está haciendo el sonido! Pero suponiendo que sí, suponiendo que ella está por ahí—que probablemente no está—que le gusta el sonido del boom—que probablemente no le gusta—suponiendo que ella puede encontrarlo—que probablemente no puede—entonces ella sólo va a consentir en copular ¡si el árbol del Podocarpus está dando fruta!

Bueno, todos hemos tenido relaciones como esa …

Pero suponiendo que ellos logran pasar todos estos obstáculos, suponiendo que ella logra encontrarlo, entonces ella sólo va a poner un huevo cada dos o tres años, ¡que va a ser prontamente devorado por un armiño o una rata! Y uno se pone a pensar, antes de que tratáramos de salvarlos y conservarlos, ¡cómo es que han logrado sobrevivir por tanto tiempo!

La respuesta es terriblemente interesante, y es esta: este comportamiento nos parece absurdo a nosotros, pero es sólo porque su ambiente ha cambiado en una manera particular y dramática que es completamente invisible para nosotros. Y su comportamiento está completamente en sintonía con el ambiente en el que se desarrolló, y completamente fuera de tono con el ambiente en el que ahora se encuentra. Porque en un ambiente donde no hay nada tratando de comerte, no quieres reproducirte muy rápido.

Resulta incluso que puedes graficar esto en la computadora. Si tomas una determinada tasa de reproducción, tomas en cuenta la habilidad de un medio ambiente para mantener cierto nivel de población, empiezas con una tasa de reproducción muy baja y lo graficas a lo largo de varias generaciones, verás que la población comienza a subir, subir, subir y de pronto se estabiliza y alcanza un nivel constante. Sube un poco el nivel de reproducción, y sube, y llega un poco más alto y quizá entonces se estabiliza. Sube un poco más el nivel de reproducción, y sube, y se va muy alto, y empieza a caer, y se va muy bajo, sube, muy alto, y se establece en una especie de onda sinusoidal. Sube un poco más la tasa y empieza entonces a oscilar entre cuatro valores diferentes. Sube la tasa más y más, y de pronto te encuentras con esta increíblemente popular condición llamada caos, donde la población del animal da bruscos saltos de un año al siguiente y, por tan sólo las matemáticas la situación, en algún momento va a pegarle al cero. Y una ves que tocas el cero como que ya no hay camino de vuelta.

Es por eso que, como la naturaleza tiene a ser muy eficiente no va a gastar energía y recursos en algo que no va a redituar, y la tasa de reproducción de una animal en un ambiente sin depredadores se va a ajustar por sí misma al nivel adecuado. En particular, si no hay nada tratando de comerte, esa tasa de reproducción va a ser muy baja. Y esa es la tasa a la cual el kakapo solía reproducirse, y que continúa haciéndolo a pesar de ser depredado, porque no sabe nada mejor que hacer. Porque nada en el transcurso de este tiempo le ha enseñado que debe hacer algo diferente, porque el cambio ocurrió tan repentinamente que no hay una curva gradual de presión evolutiva, que es lo que suele provocar los cambios. Si tienes un cambio dramático y repentino, entonces no hay ninguna dirección a donde ir y lo único que tienes es desastre.

Así que de nuevo, si puedo antropomorfizar por un momento, lo que parece haber ocurrido es que el animal, encontrándose de pronto en una crisis en su población, piensa, “Whoa, whoa! Debería de hacer, hacer, lo que hago fantásticamente bien, lo que es mi cosa principal, ¡que es que me reproduzco muy muy lentamente!” Y su población sigue cayendo. “Bien, debería realmente hacer muy bien, esta cosa que yo hago, ¡y reproducirme muy muy muy muy lentamente!” Y nos parece absurdo a nosotros porque podemos ver un panorama más grande de lo que ellos pueden. Pero si este es el tipo de comportamiento que has evolucionado exitosamente a producir, entonces hacer cualquier otra cosa sería ir en contra de tu naturaleza kakapo, sería una cosa inkakapo que hacer. Y no hay otra cosa que le enseñe algo más que hacer que lo que siempre ha hecho, seguir su estrategia exitosa, pero como ahora las cosas han cambiado, su estrategia ya no es exitosa, y el animal se encuentra en un terrible apuro.



Hay una terrible ironía en el hecho de que cuando mejor somos capaces de entender, apreciar y valorar la riqueza en la vida que nos rodea, la estamos también destruyendo con la mayor rapidez como nunca se había destruido antes. Y estamos perdiendo especie tras especia, día tras día, sólo porque estamos quemando todo para generar combustible. Es una terrible condena de nuestro propio entendimiento. Y cometemos entonces otro error, porque pensamos que de algún modo todo esto está bien, de algún modo fundamental, porque pensamos que todo esto estaba de algún modo “destinado a ocurrir.”

Déjenme explicar cómo es que llegamos a esta forma de pensamiento, porque es precisamente la forma de pensamiento en la que el kakapo se encuentra atrapado. Porque lo que ha sido para el kakapo una estrategia exitosa generación tras generación por cientos y cientos de años, de pronto es la estrategia equivocada, y no tiene forma de saberlo porque él solo sigue haciendo lo que le ha sido exitoso hasta entonces. Mientras que nosotros hemos sido siempre fabricantes de herramientas, tomamos de nuestro ambiente las cosas que necesitamos para ser las cosas que hacemos, y eso ha sido siempre muy exitoso para nosotros.

Les diré lo que ha ocurrido. Es como si hubiéramos puesto el botón de “pausa” en nuestro propio proceso de evolución, porque hemos puesto esta cubierta al rededor de nosotros, que consiste en medicina, educación, edificios, todas estas cosas que nos protegen de las presiones ambientales normales. Y es nuestra habilidad para fabricar herramientas la que nos permite hacer esto.

Normalmente lo que produce la formación de especies es cuando un pequeño grupo de animales se separa del cuerpo principal de la población, algún transtorno geográfico o lo que sea. Imagina entonces que un pequeño grupo se encuentra entonces varado en un ambiente un poco más frio. Luego de unas cuantas generaciones los genes que favorecen un abrigo más grueso van a comenzar a dominar y, algunas generaciones después, el animal tiene un abrigo más grueso. Los seres humanos, por su habilidad de fabricar herramientas, podemos llegar a un ambiente donde hace mucho más frio y no tenemos que esperar a ese proceso. Porque vemos a un animal que ya tiene el abrigo grueso y decimos, ¡lo obtendremos de él! Y entonces, de algún modo, hemos tomado control sobre nuestro ambiente. Y eso está muy bien, pero tenemos también que ver más allá de ese proceso, de esa visión, y tener un panorama más amplio, entender el efecto que realmente estamos provocando.

Imaginemos ahora, si gustan, a un humano primitivo, y tratemos de ver como es que llega a esta forma de pensamiento. Él está de pié, reconociendo su mundo al final del día. Lo ve y piensa, “Éste es un mundo maravilloso en el que me encuentro. Esto está muy bien. Digo, mira, yo estoy aquí, detrás de mi están las montañas, y las montañas son geniales porque tienen cuevas en las que me puedo resguardar del clima o de los osos que ocasionalmente vienen y tratan de atacarme. Pero me puedo resguardar ahí y eso es genial. Y en frente de mí está el bosque, y el bosque está lleno de nueces y frutos y árboles que me dan de comer, y son deliciosos, y me mantienen siguiendo adelante. Y aquí atraviesa un arroyo que tiene peces nadando en él, y el agua es deliciosa, yo bebo el agua y todo es fantástico.

“Y ahí está mi primo Ug. ¡Y Ug acaba de cazar un mamut! ¡Bravo! ¡Ug cazó un mamut! ¡Los mamuts son estupendos! No hay nada mejor que un mamut, porque te puedes cubrir con el pelaje de un mamut, puedes comer la carne de un mamut, y puedes usar los huesos de un mamut ¡para cazar otros mamuts! Este es un mundo fantástico para mi.”

Y parte de cómo hemos logrado tomar el mando de nuestro mundo y de nuestro ambiente, para fabricar estas herramientas que nos permiten hacerlo, es haciéndonos preguntas sobre esto todo el tiempo. Así que este humano comienza a hacerse preguntas. “Este mundo”, él dice, “mmm, ¿quién …, mmm …, quién lo hizo?” Por supuesto piensa que como él mismo fabrica cosas, hace cosas, él está buscando a quién ha hecho a este mundo. El dice, “Entonces, ¿quién habrá hecho este mundo? Bueno, debe ser seguramente alguien un poco como yo. Obviamente mucho mucho más grande. Y necesariamente invisible. Pero él lo habría hecho. Ahora, ¿por qué lo hizo?”

Nosotros siempre nos preguntamos “¿por qué?” porque siempre estamos buscando intención al rededor nuestro, porque siempre hacemos las cosas con alguna intención. Por ejemplo, hervimos un huevo para comerlo. Entonces miramos a las rocas, miramos a los árboles, y nos preguntamos ¿qué intención puede haber ahí?, aún cuando no tiene ninguna intención. Entonces pensamos, ¿cuál era la intención de esta persona al hacer este mundo? Y este es el punto donde pensamos, “Pues el mundo se ajusta bastante bien a mi. Mira, las cuevas y los bosques, y el arroyo, y los mamuts. ¡Él lo debió de haber hecho para mi! Digo, no hay ninguna otra conclusión a la que puedes llegar.”

Y es un poco como un charco de agua despertando una mañana—se que los charcos normalmente no hacen esto pero permítanme, soy escritor de ciencia ficción—un charco se levanta una mañana y piensa, “Éste es un mundo muy interesante en el que me encuentro. Se ajusta bastante bien a mi. De hecho, me ajusta tan bien, digo, me ajusta exactamente, ¿no es así? ¡Debió haber sido hecho para tenerme a mi en él!” El charco continúa narrando esta historia sobre el hoyo que ha sido hecho para tenerlo a él, el sol se levanta y gradualmente el charco se va haciendo más y más pequeño hasta el punto en que deja de existir cuando sigue pensando, sigue atrapado en esta idea, de que el hoyo estaba ahí para él. Y si seguimos pensando que el mundo esta aquí para nosotros, vamos a continuar destruyéndolo en la forma que lo hemos hecho hasta ahora, porque creemos que no podemos hacer ningún daño.

Y nos estamos comportando como si este planeta, esta absolutamente extraordinaria pequeña bola de vida, fuera algo con lo que podemos disponer de la manera que nos de la gana. Y quizá no podemos. Quizá deberíamos de estarlo cuidando cuando menos un poco mejor. No por el bien del mundo, hablamos elocuentemente sobre “Salvar al mundo.” No tenemos que salvar al mundo, ¡el mundo está bien! El mundo es lo suficientemente grande como para poder cuidarse sólo. Sobre lo que tenemos que estar preocupados es sobre si el mundo en que vivimos va a ser capaz o no de mantenernos en él. Eso es sobre lo que tenemos que estar pensando.

Extractos de Parrots, the Universe and Everything de Douglas Adams.

Y como premio para quienes hayan llegado hasta aquí, les dejo un video del kakapo. El video es del programa de televisión de la BCC, Last Chance to See, continuado por Mark Carwardine y Stephen Fry después de la muerte de Douglas.

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