Todos hemos escuchado a personas, y nosotros mismos lo hemos hecho también, que llegamos a justificar nuestras acciones diciendo que “no vaya a ser” que algo malo vaya a suceder. No voy a caminar debajo de una escalera, sé que es tonto, pero no vaya a ser que sea cierto eso de que trae mala suerte. No voy a bromear diciendo que le regalo mi alma al diablo, no vaya a ser que el diablo si exista, ¡y en qué lio me he metido!
Y especialmente cuando existe alguna incertidumbre sobre el efecto que nuestras acciones puedan tener, parece una decisión sensata el mejor ‘optar por lo seguro’ y tomar la decisión que parece alejarnos de ese riesgo.
Curiosamente Greg Craven, un maestro de ciencia de preparatoria, utiliza un argumento muy semejante y persuasivo para tratar de convencernos de que se tiene que hacer algo para enfrentar la posible amenaza del cambio climático. Parafraseando, lo que el dice es que tenemos que actuar frente a esta posible amenaza, no vaya a ser que algo muy malo nos vaya a suceder. Los invito a que vean el video porque ayuda a poner muy en claro cual es la estructura que tiene este argumento.
Bastante convincente, ¿no? Veamos ahora como, en efecto, este es también el mismo argumento que alguien está usando cuando dice que no quiere bromear con regalar su alma al diablo.
Diferentes opciones nos dan diferentes resultados pero lo que sí estamos seguros es que a toda costa queremos evitar caer en el horrible cuadro rojo de la esquina inferior derecha. Y como no tenemos control, o certeza, sobre cual de los renglones es el correcto, más vale tomar la columna izquierda para jugar a la segura, no vaya a ser que nos vayamos a equivocar.
Tratemos ahora de usar el mismo argumento para decidir si tenemos o no que convencer a los presidentes de las primeras potencias del mundo de que es imperativo gastar todos los recursos económicos disponibles para construir defensas nucleares que nos protejan en caso de posibles ataques extraterrestres.
Decidido. ¿Donde empezamos a colectar firmas para convencer a Obama de hacer algo ante este inminente peligro!!! Hmm.. no, algo suena mal, ¿verdad?
Notarán que el encabezado de la izquierda puede decir cualquier cosa desde “cambio climático”, pasando por “invasión de aliens”, “unicornios feroces sangrientos”, y hasta la existencia del “mounstro-que-odia-a-los-que-usan-sombreros”. Y no importa cual sea el encabezado, el argumento nos sigue diciendo lo mismo. Lectores atentos notarán también que si ese encabezado dice “Dios existe”, a ese diagrama se le llama la apuesta de Pascal.
Pero, ¿cuál es el problema con ese argumento? Porque, definitivamente, parece tener sentido invertir recursos para detener el cambio climático, pero no lo parece mucho el dejar de usar sombreros no vaya a ser que cierto ser mítico en realidad exista y me quiera comer.
Pues el mismo Greg Craven menciona la solución, pero va tan emocionado tratando de convencernos que se le olvida hacer notar que es crucial en el argumento, e incluso comente el error de decir que ni siquiera importa, tratar de saber cuál de los dos renglones es el correcto. Él piensa que la respuesta es obvia con tan sólo mirar el diagrama. Sin embargo, como a Ben Goldacre le fascina decir: “creo que te vas a encontrar con que las cosas son un poco más complicadas que eso”.
Y el punto está en que: no tener certeza de cual de los dos renglones es el correcto, no es lo mismo que no saber cuál de los dos es más probable.
Para poder tomar una decisión como en estos escenarios planteados, es importante hacer una evaluación de riesgos que tome en cuenta no sólo las posibles consecuencias de nuestras acciones, sino que tome también en cuenta la probabilidad que hay, o la evidencia que tenemos, sobre cada uno de los posibles escenarios que se nos presentan. Tarea, definitivamente, no siempre muy sencilla.
En el caso del cambio climático, por ejemplo, es por eso que ha sido fundamental el trabajo de los científicos para evaluar los dos renglones del diagrama y determinar cual de ellos es el más probable, o sobre cuál de ellos es que se tiene una mayor evidencia. En este caso particular, la evidencia apunta prácticamente sin ninguna duda a que el cambio climático está ocurriendo, es producido por el hombre y, si no hacemos algo pronto, puede ser catastrófico. Finalmente la conclusión de Greg Craven era la correcta pero, como hemos visto, no por las razones que él indicaba.
La idea que espero al menos les quede después de haber leído todo esto es que “no vaya a ser que” no es una razón válida para tomar una decisión. Y que, aunque a veces quisieramos que hubiera una salida más sencilla, la mejor opción que tenemos es realmente pensar y verdaderamente analizar las posibles alternativas que la vida nos presenta.
Mostrando las entradas con la etiqueta filosofia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta filosofia. Mostrar todas las entradas
viernes, 7 de mayo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Por qué la democracia no funciona
Hoy voy a hablar de un tema del que no se nada, así que muy probablemente voy a terminar diciendo puras tonterías. Sin embargo les quiero compartir que hace algún tiempo estaba yo reflexionando y llegué, según yo, a una conclusión interesante: la democracia no sirve y, más aún, nunca va a servir.
Y antes de que alguien se vaya a imaginar otra cosa quiero aclarar que no estoy tratando de promover aquí la anarquía, la dictadura o el comunismo. Si creo que la democracia es el mejor modelo de gobierno que hasta el momento se nos ha podido ocurrir. Pero ser el mejor no necesariamente significa ser bueno o útil para algo.
El primer problema con la democracia es su definición: la mayoría son los que eligen. Y el problema es que la mayoría no necesariamente van a elegir lo que sea lo mejor para todos. Una cita que me encontré hace tiempo, atribuida a James Bovard, explica esta idea mucho mejor de lo que lo podría hacer yo:
La gran mayoría de los votantes muchas veces desconoce las propuestas políticas de los candidatos por los que va a votar. Resulta que, de hecho, la apariencia física y el carisma de los candidatos son más decisivos en el resultado de las elecciones que sus propuestas mismas, incluso más que la cantidad de dinero gastada en campaña. No es de sorprendernos que hoy las campañas políticas se han convertido más bien en campañas de marketing.
Lo peor es que aún si suponemos que un grupo significativo de personas quisiera tomar en serio y analizar las propuestas hechas por los candidatos, ¿qué tan preparados estamos para tomar la mejor decisión? ¿cuantos de nosotros, por ejemplo, entendemos lo suficiente de economía para saber si tal o cual propuesta es más probable que nos de mejores resultados? La verdad es que no lo sabemos, lo único que queremos es mejores salarios, más obra pública, y pagar menos impuestos.
Y eso es justo lo que los candidatos siempre prometen pero, ¿tenemos la capacidad para evaluar sus propuestas y determinar si siquiera son viables? Eso si, todos tenemos una opinión, pero nuestra opinión no está basada en conocimientos o un razonamiento objetivo, sino en nuestras propias ideas subjetivas sobre las que discutimos y pasionalmente defendemos.
¡Educación! ¡Educación es la respuesta! Si todos estuviéramos más preparados, si se nos enseñara a analizar clara y objetivamente, si supiéramos más de estadística, y de ciencia, si se nos enseñara a pensar críticamente. Sólo entonces podríamos hacer funcionar a la democracia.
O quizá no. Desafortunadamente también resulta que a mayor educación, se tienen menos hijos. Dicho de otro modo: las personas, entre menor nivel de educación tengan, van a tender también a tener más hijos, haciendo de esta característica una dominante entre la población. Este es el mismo argumento que, de una manera un poco más cómica (y exagerada), se nos presenta en la escena inicial de Idiocracy:
¿Qué opinan?
Y si no quieren acabar demasiado deprimidos, lean también el segundo artículo que escribí sobre este tema: ¿Se puede 'arreglar' la democracia?
Y antes de que alguien se vaya a imaginar otra cosa quiero aclarar que no estoy tratando de promover aquí la anarquía, la dictadura o el comunismo. Si creo que la democracia es el mejor modelo de gobierno que hasta el momento se nos ha podido ocurrir. Pero ser el mejor no necesariamente significa ser bueno o útil para algo.
El primer problema con la democracia es su definición: la mayoría son los que eligen. Y el problema es que la mayoría no necesariamente van a elegir lo que sea lo mejor para todos. Una cita que me encontré hace tiempo, atribuida a James Bovard, explica esta idea mucho mejor de lo que lo podría hacer yo:
La democracia debería ser algo más que dos lobos y una oveja votando sobre que habrá para la cena.Pero esto no es sólo un problema sobre la mayoría ignorando o pasando por encima de las minorías. El problema es que la misma mayoría, tampoco sabe elegir lo que es lo mejor para ella misma.
La gran mayoría de los votantes muchas veces desconoce las propuestas políticas de los candidatos por los que va a votar. Resulta que, de hecho, la apariencia física y el carisma de los candidatos son más decisivos en el resultado de las elecciones que sus propuestas mismas, incluso más que la cantidad de dinero gastada en campaña. No es de sorprendernos que hoy las campañas políticas se han convertido más bien en campañas de marketing.
Lo peor es que aún si suponemos que un grupo significativo de personas quisiera tomar en serio y analizar las propuestas hechas por los candidatos, ¿qué tan preparados estamos para tomar la mejor decisión? ¿cuantos de nosotros, por ejemplo, entendemos lo suficiente de economía para saber si tal o cual propuesta es más probable que nos de mejores resultados? La verdad es que no lo sabemos, lo único que queremos es mejores salarios, más obra pública, y pagar menos impuestos.
Y eso es justo lo que los candidatos siempre prometen pero, ¿tenemos la capacidad para evaluar sus propuestas y determinar si siquiera son viables? Eso si, todos tenemos una opinión, pero nuestra opinión no está basada en conocimientos o un razonamiento objetivo, sino en nuestras propias ideas subjetivas sobre las que discutimos y pasionalmente defendemos.
¡Educación! ¡Educación es la respuesta! Si todos estuviéramos más preparados, si se nos enseñara a analizar clara y objetivamente, si supiéramos más de estadística, y de ciencia, si se nos enseñara a pensar críticamente. Sólo entonces podríamos hacer funcionar a la democracia.
O quizá no. Desafortunadamente también resulta que a mayor educación, se tienen menos hijos. Dicho de otro modo: las personas, entre menor nivel de educación tengan, van a tender también a tener más hijos, haciendo de esta característica una dominante entre la población. Este es el mismo argumento que, de una manera un poco más cómica (y exagerada), se nos presenta en la escena inicial de Idiocracy:
¿Qué opinan?
Y si no quieren acabar demasiado deprimidos, lean también el segundo artículo que escribí sobre este tema: ¿Se puede 'arreglar' la democracia?
viernes, 11 de septiembre de 2009
Ágora
Dirigida por el chileno Alejandro Amenábar—quien estuvo también detrás de Tesis, Abre los ojos, Los otros, y Mar adentro—pronto estará en los cines su nueva cinta: Ágora.
¿Qué tendrá de especial esta película? Una palabra: Hipatia.
Para quienes eso sea suficiente, dejen de leer aquí y mejor vayan a ver el trailer.
Para los que siguen aquí conmigo: Hipatia es una mujer que ocupa un destacado lugar en la historia de la humanidad. Ella vivió en Alejandría, parte del imperio romano en la época en que el cristianismo se estaba convirtiendo en una fuerza principal, y la antigua religión politeísta egipcia iba de salida al final del período helenístico.
Hipatia era una científica, antes de que existiera la ciencia moderna, y es reconocida como la primera matemática notable de la historia. También una gran filósofa y astrónoma, cuenta entre su trabajo la edición y comentario de importantes obras como la Arithmetica de Diofanto, los Elementos de Euclides, así como libros propios en geometría, álgebra y astronomía. Ella propuso también un diseño del astrolabio, un instrumento utilizado para determinar la posición de las estrellas en el cielo, e inventó un hidrómetro, utilizado para medir la fuerza del caudal de agua por ejemplo en un río.
Murió trágicamente, linchada por una turba de cristianos en un marco de hostilidades y luchas políticas entre distintas facciones de la iglesia, el patriarcado de Alejandría, y el poder imperial romano.
La verdad es que todas las películas anteriores de Amenábar me han encantado, lo que me da confianza y me hace pensar que la historia de Hipatia está en buenas manos. En España la película está anunciada para Octubre, así que estén pendientes cuando aparezca también en los cines donde quiera que se encuentren. Ah, y por supuesto, no dejen también de ¡ver el trailer!
¿Qué tendrá de especial esta película? Una palabra: Hipatia.
Para quienes eso sea suficiente, dejen de leer aquí y mejor vayan a ver el trailer.
Para los que siguen aquí conmigo: Hipatia es una mujer que ocupa un destacado lugar en la historia de la humanidad. Ella vivió en Alejandría, parte del imperio romano en la época en que el cristianismo se estaba convirtiendo en una fuerza principal, y la antigua religión politeísta egipcia iba de salida al final del período helenístico.
Hipatia era una científica, antes de que existiera la ciencia moderna, y es reconocida como la primera matemática notable de la historia. También una gran filósofa y astrónoma, cuenta entre su trabajo la edición y comentario de importantes obras como la Arithmetica de Diofanto, los Elementos de Euclides, así como libros propios en geometría, álgebra y astronomía. Ella propuso también un diseño del astrolabio, un instrumento utilizado para determinar la posición de las estrellas en el cielo, e inventó un hidrómetro, utilizado para medir la fuerza del caudal de agua por ejemplo en un río.
Murió trágicamente, linchada por una turba de cristianos en un marco de hostilidades y luchas políticas entre distintas facciones de la iglesia, el patriarcado de Alejandría, y el poder imperial romano.
La verdad es que todas las películas anteriores de Amenábar me han encantado, lo que me da confianza y me hace pensar que la historia de Hipatia está en buenas manos. En España la película está anunciada para Octubre, así que estén pendientes cuando aparezca también en los cines donde quiera que se encuentren. Ah, y por supuesto, no dejen también de ¡ver el trailer!
Enviar esto por correo electrónicoBlogThis!Compartir en XCompartir en FacebookCompartir en Pinterest
Escrito por
Juan
a las
7:47 p.m.
8
comentarios
Etiquetas:
astronomia,
ciencia,
filosofia,
interesante,
mate,
movies
sábado, 24 de enero de 2009
Yo creo
Recientemente algunas personas se han interesado y me han preguntado un poco respecto a mis creencias. En particular sobre mi opinión respecto a la religión y a el porqué, cada ves con menos vacilación, me refiero a mi mismo como una persona atea. El objetivo de este post es precisamente tratar de contestar a esas preguntas, contar también un poco de la historia de donde es que vengo, y como he llegado a mi forma de pensar actual.
Ojo, que el objetivo de este escrito no es decirle a nadie que es lo que se supone que deba que creer, o el tratar de defender que mis creencias sean “la verdad”. Una parte importante de mis creencias, de hecho, es que cada persona es libre de creer en lo que prefiera, en lo que más le haga sentido de acuerdo a sus propias experiencias personales.
Bien, pues comencemos. Como la gran mayoría de los mexicanos, yo nací, crecí y fui educado en un entorno católico. Mis papás son también católicos, de chico me bautizaron, y algunos años después hice también mi primera comunión. En mi familia íbamos seguido a misa (no voy a decir que religiosamente todos los domingos, pero si con bastante frecuencia). De chico la religión no fue nunca un foco particular de atención en mi familia, pero sí cumplíamos y se nos inculcaron siempre los principios a seguir para ser unas personas de bien.
La preparatoria la estudié incluso, aunque la religión no haya sido el principal motivo para elegirla, en una escuela de Jesuitas. Yo creo que desde siempre me habían surgido algunas ‘dudas’ respecto a las doctrinas que suele enseña la Iglesia, aunque nunca las llegue a cuestionar de manera muy seria o directa. La actitud de los Jesuitas respecto a este tipo de dudas, además, me parecía excelente y muy razonable.
Los Jesuitas son, de entre los grupos religiosos, digamos que los más liberales. Son muy pragmáticos, normalmente los puedes encontrar haciendo y proponiendo soluciones prácticas a problemas reales, antes que discutiendo o debatiendo sobre las ‘formalidades’ de la religión. Un comentario que se me quedó muy gravado de uno de los padres es que: “El Reino de Dios no está en un lugar distante esperándonos después de nuestra muerte. El Reino de Dios es aquí, en éste mundo, y es nuestra tarea el construirlo y el poder hacer de él una realidad”.
Por otro lado los Jesuitas son también uno de los grupos que más directamente apoya, practica y promueve el desarrollo de la Ciencia. Lo cual tiene también bastante sentido, cual es el mejor camino para buscar y generar soluciones prácticas? En la escuela ellos continuaron alimentando mi gusto por la Ciencia, por tratar de entender al Universo, por aprender y descubrir cosas nuevas. Aprendí también sobre el método científico, la lógica, las matemáticas. A cómo distinguir argumentos válidos de los que no lo son. Una de las personas con más pasión a las matemáticas que he conocido es, precisamente, un padre Jesuita. Las matemáticas son para él, me imagino, un medio por el cual conocer y entender la mente de Dios.
Muchas de mis objeciones, sin embargo, respecto a varios los dogmas que normalmente son impartidos por la Iglesia continuaban, y eran incluso avivados por la misma formación académica que se me estaba también dando. Pero los Jesuitas eran un ejemplo para mi de cómo es que, de una u otra manera, esos dogmas y tradiciones católicas se podían combinar bien con una mentalidad más racional y, digamos, científica.
Algo que no me gustaba era ser inconsistente en mi forma de actuar y de pensar, así que comencé a construirme ‘justificaciones’ de por qué tenía sentido el realizar muchos de los ritos que manda la tradición católica. Para mí, todos estos ritos eran ‘símbolos’ que le asignaban significado a acciones humanas que, más allá de eso, no tenían nada de sobrenatural o extraordinario. Por ejemplo, yo me decía, cuando se santifica la eucaristía no se está convirtiendo literalmente en “el cuerpo de Cristo”, realmente nada le ocurre a la ostia cuando es bendecida, simplemente se convierte para nosotros en la Iglesia en un símbolo que representa al cuerpo de Cristo y que, el tomarla, representa nuestra aceptación de su doctrina.
Otra de mis grandes justificaciones era respecto a la oración. Para mi el rezar no era un acto de “hablar con Dios”, incluso estaba bastante seguro de que era inútil “pedir cosas a Dios”. Para mi, los momentos de oración eran momentos de reflexión, en los que uno mismo trata de analizar y reflexionar sobre sus actos, así como proponerse soluciones o nuevas acciones para conseguir las cosas que uno quiere. En más de una ocasión recuerdo haber mantenido conversaciones en mi mente del estilo
— Dios, te pido por favor que cuides por el bienestar de X persona.
— ¿Y tú qué quieres que yo haga? Tú eres el que está ahí en la tierra. ¿Qué puedes hacer tú por el bien de esa persona?
— Claro, ¿qué puedo hacer yo?, yo podría ...
Por supuesto era yo mismo quien jugaba el papel de yo y de Dios en esas conversaciones. Noten aquí también la fuerte influencia de las ideas Jesuitas.
Años después de iniciar mi licenciatura realicé también mi confirmación. Uno de mis objetivos era el aprovechar esa oportunidad para, ahora siendo yo más grande y mucho más maduro por lo menos en mi forma de pensar, de exponer mis ideas y ‘justificaciones’ con gente que quizá pudiera validarlas o refutarlas y exponerme a nuevas ideas. Sin embargo esto no resultó como lo imaginaba, después de dos o tres clases donde mis ideas eran descartadas con indiferencia, y las únicas explicaciones que se me daban eran que “las cosas son así, porque así dice la Iglesia y así es como se interpreta la Biblia”, decidí rendirme, dejar de cuestionar lo que se me enseñaba y asistir finalmente a la ceremonia de mi confirmación.
Pasaron más años y llegó el tiempo en que fui a hacer mi doctorado en Inglaterra. Recién llegando procuré continuar yendo a la Iglesia y a misa los domingos. El Padre de la Iglesia en Manchester era también bastante relajado, y la misa de los domingos se promovía también como una oportunidad para conocer a más personas y convivir con otros estudiantes. Varias de las personas que conocí originalmente allí continúan siendo hoy muy buenos amigos míos.
Con el paso del tiempo comencé a sentir menos la necesidad de ir a la Iglesia, llegó un momento en el que quizá iba a misa sólo una vez al mes, a veces ni eso. Sin embargo, uno de los puntos clave que iniciaron un cambio más profundo (o al menos aceptarlo) en mi forma de pensar, fue la llegada a Manchester de otro mexicano.
Héctor y yo congeniamos bastante bien, desde el día uno nos encontramos pasando horas debrayando y discutiendo sobre todo tipo de temas que se nos pudieran ocurrir. Como es de suponerse, uno de los temas recurrentes era el de la religión. Sin entrar en demasiados detalles (en su blog pueden encontrar su historia personal) el venía también de una familia católica, y de manera similar siempre tuvo ‘dudas’ respecto a muchos de los dogmas de la Iglesia. Igual como yo me construí mis ‘justificaciones’, él se había inventado sus propias creencias. Unas ideas bien locas que involucran a un ‘meta’-Dios, reencarnaciones, y toda una complicada estructura moral que trata de explicar cómo es que se mantiene en el mundo la justicia.
Después de varios meses de debraye y de discusiones super interesantes, finalmente lo convencí de que su sistema era innecesariamente complicado y que, desafortunadamente, lo más probable es que no hubiera justicia en este mundo. Él, por su parte, se encargo de hacerme ver que (dejando a un lado mis ‘justificaciones’) entre mi manera de pensar y el ateísmo, pues no había tampoco ya gran cosa de diferencia.
Final y recientemente, tendrá entre uno o dos años, me comienzo a sentir más confortable con la idea de llamarme y reconocerme a mi mismo como un ateo. Pero bueno, ¿qué es lo que significa ésto para mi?
Lo primero y más sencillo, es que no creo en la gran mayoría de las historias y dogmas que se cuentan en torno a la tradición de la Iglesia católica. No creo, por ejemplo, que los sucesos descritos en la Biblia hayan ocurrido literalmente. Esto, seguramente, no parecerá una afirmación muy sorprendente. La mayoría de los creyentes tendrán una posición similar y la Iglesia católica misma acepta que muchas de las narraciones de la Biblia deben interpretarse como alegorías y no de manera literal. El Papa Juan Pablo II, por ejemplo, no tuvo ningún problema con aceptar la teoría de la evolución.
El segundo punto, y que antes había presentado ya a manera de ejemplo, es que tampoco creo que el rezar tenga algún efecto ‘real’. Podría entrar en más detalle respecto a los fundamentos de esta creencia mía, pero en resumen puedo decir que, a mi parecer, una gran cantidad de evidencia científica sugieren que, más allá de un efecto placebo, la oración no tiene ningún poder para afectar o modificar los sucesos que ocurren en nuestro mundo físico. Para los interesados, una discusión muy interesante y detallada del tema la pueden encontrar en éste sitio.
Otra de mis creencias, admito es la que menos fundamento científico tiene, es que sí creo en el “libre albedrío”. Me gusta (y esa es mi mejor razón) creer que vivimos en un mundo donde nosotros mismos estamos en control de las acciones y decisiones que tomamos en la vida. Para mí, de otro modo, la vida no tendría sentido. Mi vida no sería diferente a la de una marioneta que figura en una obra de teatro y se comporta siguiendo lo establecido en un guión. En particular tampoco me gusta la idea del ‘Destino’, pues siento que va en contra o que limita mi poder de decidir lo que yo hago con mi vida.
Y bueno, si mi ‘Dios’ no me escucha, ni tampoco interfiere con el mundo físico, a ese ‘Dios’ no le queda más que quizá haber sido el ‘Creador’ del Universo. Por mucho tiempo esta ha sido mi definición de Dios, el Creador. Sin embargo, el hecho de que si tiene o no conciencia, se vuelve irrelevante para mi vida práctica diaria. Éste es el hecho clave que define el porqué me hago llamar ateo.
Para terminar, y ya que he discutido cuales son las cosas en que no creo, me gustaría mencionar algunas de las cosas en las que sí creo.
Creo que el Universo en que vivimos es un lugar maravilloso e impresionante. Me maravillan la Física y la Naturaleza. Me maravilla cómo cosas tan complejas y estructuradas como la vida se hayan podido desarrollar después del paso de tantos miles y millones de años, gracias a el lento proceso de la evolución. Me maravilla la cantidad de plantas y animales que se han podido desarrollar en la Tierra. Cosa que, aparentemente, es bastante complicado de lograr!! (En los alrededores a nuestro planeta parece no haber mucha más vida!!)
Creo (como ya se habrán dado cuenta) en la Ciencia. Creo que la forma más precisa y efectiva para poder conocer y entender a nuestro Universo (la Física y la Naturaleza) es mediante la Ciencia. Es cierto que la Ciencia nos ha dado poderes muy destructivos a la Humanidad, y que nos ha llevado a lastimar considerablemente el ambiente de nuestro planeta. Creo, sin embargo, que es la Ciencia también quien tiene mayores posibilidades de brindarnos soluciones a estos problemas. Y es indudable que, gracias a la Ciencia, nuestros estándares de vida son hoy mucho mayores y más cómodos que hace tan sólo algunos años.
Creo que nuestro objetivo personal en venir a este mundo es también muy sencillo. Es el ser feliz, el procurar que las personas que son importantes para nosotros se sientan también felices.
Creo también en la moralidad. Creo que la ‘bondad’ es una cualidad valiosa en una persona. Que las mentiras y las trampas funcionan hasta que te cachan, momento en el que pierdes por completo la confianza de las personas que te rodean (y con justa razón!).
Finalmente (y muchos dicen que de manera muy optimista) creo en la Humanidad. Creo que si de alguien es responsabilidad el hacer de nuestro mundo un mejor lugar para vivir, esa responsabilidad es de nosotros mismos. Y creo que hay también mucha gente dispuesta a donar su tiempo y esfuerzo, de manera desinteresada, para buscar bienes comunes. (Uno de los ejemplos que me encanta mencionar es Wikipedia, producto del esfuerzo desinteresado de millones de personas en busca de un bien común.)
Así que bueno, esta es, hasta hoy, la historia de mis creencias.
Ojo, que el objetivo de este escrito no es decirle a nadie que es lo que se supone que deba que creer, o el tratar de defender que mis creencias sean “la verdad”. Una parte importante de mis creencias, de hecho, es que cada persona es libre de creer en lo que prefiera, en lo que más le haga sentido de acuerdo a sus propias experiencias personales.
Bien, pues comencemos. Como la gran mayoría de los mexicanos, yo nací, crecí y fui educado en un entorno católico. Mis papás son también católicos, de chico me bautizaron, y algunos años después hice también mi primera comunión. En mi familia íbamos seguido a misa (no voy a decir que religiosamente todos los domingos, pero si con bastante frecuencia). De chico la religión no fue nunca un foco particular de atención en mi familia, pero sí cumplíamos y se nos inculcaron siempre los principios a seguir para ser unas personas de bien.
La preparatoria la estudié incluso, aunque la religión no haya sido el principal motivo para elegirla, en una escuela de Jesuitas. Yo creo que desde siempre me habían surgido algunas ‘dudas’ respecto a las doctrinas que suele enseña la Iglesia, aunque nunca las llegue a cuestionar de manera muy seria o directa. La actitud de los Jesuitas respecto a este tipo de dudas, además, me parecía excelente y muy razonable.
Los Jesuitas son, de entre los grupos religiosos, digamos que los más liberales. Son muy pragmáticos, normalmente los puedes encontrar haciendo y proponiendo soluciones prácticas a problemas reales, antes que discutiendo o debatiendo sobre las ‘formalidades’ de la religión. Un comentario que se me quedó muy gravado de uno de los padres es que: “El Reino de Dios no está en un lugar distante esperándonos después de nuestra muerte. El Reino de Dios es aquí, en éste mundo, y es nuestra tarea el construirlo y el poder hacer de él una realidad”.
Por otro lado los Jesuitas son también uno de los grupos que más directamente apoya, practica y promueve el desarrollo de la Ciencia. Lo cual tiene también bastante sentido, cual es el mejor camino para buscar y generar soluciones prácticas? En la escuela ellos continuaron alimentando mi gusto por la Ciencia, por tratar de entender al Universo, por aprender y descubrir cosas nuevas. Aprendí también sobre el método científico, la lógica, las matemáticas. A cómo distinguir argumentos válidos de los que no lo son. Una de las personas con más pasión a las matemáticas que he conocido es, precisamente, un padre Jesuita. Las matemáticas son para él, me imagino, un medio por el cual conocer y entender la mente de Dios.
Muchas de mis objeciones, sin embargo, respecto a varios los dogmas que normalmente son impartidos por la Iglesia continuaban, y eran incluso avivados por la misma formación académica que se me estaba también dando. Pero los Jesuitas eran un ejemplo para mi de cómo es que, de una u otra manera, esos dogmas y tradiciones católicas se podían combinar bien con una mentalidad más racional y, digamos, científica.
Algo que no me gustaba era ser inconsistente en mi forma de actuar y de pensar, así que comencé a construirme ‘justificaciones’ de por qué tenía sentido el realizar muchos de los ritos que manda la tradición católica. Para mí, todos estos ritos eran ‘símbolos’ que le asignaban significado a acciones humanas que, más allá de eso, no tenían nada de sobrenatural o extraordinario. Por ejemplo, yo me decía, cuando se santifica la eucaristía no se está convirtiendo literalmente en “el cuerpo de Cristo”, realmente nada le ocurre a la ostia cuando es bendecida, simplemente se convierte para nosotros en la Iglesia en un símbolo que representa al cuerpo de Cristo y que, el tomarla, representa nuestra aceptación de su doctrina.
Otra de mis grandes justificaciones era respecto a la oración. Para mi el rezar no era un acto de “hablar con Dios”, incluso estaba bastante seguro de que era inútil “pedir cosas a Dios”. Para mi, los momentos de oración eran momentos de reflexión, en los que uno mismo trata de analizar y reflexionar sobre sus actos, así como proponerse soluciones o nuevas acciones para conseguir las cosas que uno quiere. En más de una ocasión recuerdo haber mantenido conversaciones en mi mente del estilo
— Dios, te pido por favor que cuides por el bienestar de X persona.
— ¿Y tú qué quieres que yo haga? Tú eres el que está ahí en la tierra. ¿Qué puedes hacer tú por el bien de esa persona?
— Claro, ¿qué puedo hacer yo?, yo podría ...
Por supuesto era yo mismo quien jugaba el papel de yo y de Dios en esas conversaciones. Noten aquí también la fuerte influencia de las ideas Jesuitas.
Años después de iniciar mi licenciatura realicé también mi confirmación. Uno de mis objetivos era el aprovechar esa oportunidad para, ahora siendo yo más grande y mucho más maduro por lo menos en mi forma de pensar, de exponer mis ideas y ‘justificaciones’ con gente que quizá pudiera validarlas o refutarlas y exponerme a nuevas ideas. Sin embargo esto no resultó como lo imaginaba, después de dos o tres clases donde mis ideas eran descartadas con indiferencia, y las únicas explicaciones que se me daban eran que “las cosas son así, porque así dice la Iglesia y así es como se interpreta la Biblia”, decidí rendirme, dejar de cuestionar lo que se me enseñaba y asistir finalmente a la ceremonia de mi confirmación.
Pasaron más años y llegó el tiempo en que fui a hacer mi doctorado en Inglaterra. Recién llegando procuré continuar yendo a la Iglesia y a misa los domingos. El Padre de la Iglesia en Manchester era también bastante relajado, y la misa de los domingos se promovía también como una oportunidad para conocer a más personas y convivir con otros estudiantes. Varias de las personas que conocí originalmente allí continúan siendo hoy muy buenos amigos míos.
Con el paso del tiempo comencé a sentir menos la necesidad de ir a la Iglesia, llegó un momento en el que quizá iba a misa sólo una vez al mes, a veces ni eso. Sin embargo, uno de los puntos clave que iniciaron un cambio más profundo (o al menos aceptarlo) en mi forma de pensar, fue la llegada a Manchester de otro mexicano.
Héctor y yo congeniamos bastante bien, desde el día uno nos encontramos pasando horas debrayando y discutiendo sobre todo tipo de temas que se nos pudieran ocurrir. Como es de suponerse, uno de los temas recurrentes era el de la religión. Sin entrar en demasiados detalles (en su blog pueden encontrar su historia personal) el venía también de una familia católica, y de manera similar siempre tuvo ‘dudas’ respecto a muchos de los dogmas de la Iglesia. Igual como yo me construí mis ‘justificaciones’, él se había inventado sus propias creencias. Unas ideas bien locas que involucran a un ‘meta’-Dios, reencarnaciones, y toda una complicada estructura moral que trata de explicar cómo es que se mantiene en el mundo la justicia.
Después de varios meses de debraye y de discusiones super interesantes, finalmente lo convencí de que su sistema era innecesariamente complicado y que, desafortunadamente, lo más probable es que no hubiera justicia en este mundo. Él, por su parte, se encargo de hacerme ver que (dejando a un lado mis ‘justificaciones’) entre mi manera de pensar y el ateísmo, pues no había tampoco ya gran cosa de diferencia.
Final y recientemente, tendrá entre uno o dos años, me comienzo a sentir más confortable con la idea de llamarme y reconocerme a mi mismo como un ateo. Pero bueno, ¿qué es lo que significa ésto para mi?
Lo primero y más sencillo, es que no creo en la gran mayoría de las historias y dogmas que se cuentan en torno a la tradición de la Iglesia católica. No creo, por ejemplo, que los sucesos descritos en la Biblia hayan ocurrido literalmente. Esto, seguramente, no parecerá una afirmación muy sorprendente. La mayoría de los creyentes tendrán una posición similar y la Iglesia católica misma acepta que muchas de las narraciones de la Biblia deben interpretarse como alegorías y no de manera literal. El Papa Juan Pablo II, por ejemplo, no tuvo ningún problema con aceptar la teoría de la evolución.
El segundo punto, y que antes había presentado ya a manera de ejemplo, es que tampoco creo que el rezar tenga algún efecto ‘real’. Podría entrar en más detalle respecto a los fundamentos de esta creencia mía, pero en resumen puedo decir que, a mi parecer, una gran cantidad de evidencia científica sugieren que, más allá de un efecto placebo, la oración no tiene ningún poder para afectar o modificar los sucesos que ocurren en nuestro mundo físico. Para los interesados, una discusión muy interesante y detallada del tema la pueden encontrar en éste sitio.
Otra de mis creencias, admito es la que menos fundamento científico tiene, es que sí creo en el “libre albedrío”. Me gusta (y esa es mi mejor razón) creer que vivimos en un mundo donde nosotros mismos estamos en control de las acciones y decisiones que tomamos en la vida. Para mí, de otro modo, la vida no tendría sentido. Mi vida no sería diferente a la de una marioneta que figura en una obra de teatro y se comporta siguiendo lo establecido en un guión. En particular tampoco me gusta la idea del ‘Destino’, pues siento que va en contra o que limita mi poder de decidir lo que yo hago con mi vida.
Y bueno, si mi ‘Dios’ no me escucha, ni tampoco interfiere con el mundo físico, a ese ‘Dios’ no le queda más que quizá haber sido el ‘Creador’ del Universo. Por mucho tiempo esta ha sido mi definición de Dios, el Creador. Sin embargo, el hecho de que si tiene o no conciencia, se vuelve irrelevante para mi vida práctica diaria. Éste es el hecho clave que define el porqué me hago llamar ateo.
Para terminar, y ya que he discutido cuales son las cosas en que no creo, me gustaría mencionar algunas de las cosas en las que sí creo.
Creo que el Universo en que vivimos es un lugar maravilloso e impresionante. Me maravillan la Física y la Naturaleza. Me maravilla cómo cosas tan complejas y estructuradas como la vida se hayan podido desarrollar después del paso de tantos miles y millones de años, gracias a el lento proceso de la evolución. Me maravilla la cantidad de plantas y animales que se han podido desarrollar en la Tierra. Cosa que, aparentemente, es bastante complicado de lograr!! (En los alrededores a nuestro planeta parece no haber mucha más vida!!)
Creo (como ya se habrán dado cuenta) en la Ciencia. Creo que la forma más precisa y efectiva para poder conocer y entender a nuestro Universo (la Física y la Naturaleza) es mediante la Ciencia. Es cierto que la Ciencia nos ha dado poderes muy destructivos a la Humanidad, y que nos ha llevado a lastimar considerablemente el ambiente de nuestro planeta. Creo, sin embargo, que es la Ciencia también quien tiene mayores posibilidades de brindarnos soluciones a estos problemas. Y es indudable que, gracias a la Ciencia, nuestros estándares de vida son hoy mucho mayores y más cómodos que hace tan sólo algunos años.
Creo que nuestro objetivo personal en venir a este mundo es también muy sencillo. Es el ser feliz, el procurar que las personas que son importantes para nosotros se sientan también felices.
Creo también en la moralidad. Creo que la ‘bondad’ es una cualidad valiosa en una persona. Que las mentiras y las trampas funcionan hasta que te cachan, momento en el que pierdes por completo la confianza de las personas que te rodean (y con justa razón!).
Finalmente (y muchos dicen que de manera muy optimista) creo en la Humanidad. Creo que si de alguien es responsabilidad el hacer de nuestro mundo un mejor lugar para vivir, esa responsabilidad es de nosotros mismos. Y creo que hay también mucha gente dispuesta a donar su tiempo y esfuerzo, de manera desinteresada, para buscar bienes comunes. (Uno de los ejemplos que me encanta mencionar es Wikipedia, producto del esfuerzo desinteresado de millones de personas en busca de un bien común.)
Así que bueno, esta es, hasta hoy, la historia de mis creencias.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Vicky Cristina Barcelona
El fin de semana pasado aproveche para darme una vuelta por Madrid y visitar a una amiga que está viviendo por allá. La verdad que me la pasé super bien, tuve a una excelente anfitriona que me llevó a conocer algunos (para mi) nuevos sitios en Madrid además de Toledo. ¡Muchas gracias Arte!
Y bueno, ya que me estaba dando una vuelta por la comunidad de Madrid aproveché también para hacer algo que desde hace meses no había podido: ir al cine.
Jaja, pues ya saben que aquí en mi pueblo los cines normalmente tienden a doblar las películas al Alemán, y pues la verdad es que así se me complica demasiado. Pero bueno, estando en la grande ciudad de Madrid no fue ningún problema encontrar un cine de versión original donde ponen las películas con subtítulos.
La película que vimos fue Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen y, aunque me di cuenta que al final muchos en el cine se quedaron con cara de wtf?, la verdad es que la película me encantó. A parte de ser bastante divertida, Penélope Cruz en su papel de una loca medio desquiciada es genial, me gustaron también mucho las ideas presentadas por la película. Recientemente había discutido un poco con amigos sobre lo que realmente es el amor, y creo que en esta película Woody Allen le dió exactamente en el clavo.
Y no sólo el amor, después de una super agradable discusión post-película con Arte, me parece que la película presenta una filosofía de la vida misma y de cómo nos enfrentamos a ella. De las dos opciones que normalmente tenemos en la vida: ser Vicky o ser Cristina. Obviamente no le quiero estropear la película a nadie así que vayan a verla y, si terminan igual con cara de “wtf? juan está loco”, me dicen y la discutimos a gusto. :-D
Y bueno, ya que me estaba dando una vuelta por la comunidad de Madrid aproveché también para hacer algo que desde hace meses no había podido: ir al cine.
Jaja, pues ya saben que aquí en mi pueblo los cines normalmente tienden a doblar las películas al Alemán, y pues la verdad es que así se me complica demasiado. Pero bueno, estando en la grande ciudad de Madrid no fue ningún problema encontrar un cine de versión original donde ponen las películas con subtítulos.
La película que vimos fue Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen y, aunque me di cuenta que al final muchos en el cine se quedaron con cara de wtf?, la verdad es que la película me encantó. A parte de ser bastante divertida, Penélope Cruz en su papel de una loca medio desquiciada es genial, me gustaron también mucho las ideas presentadas por la película. Recientemente había discutido un poco con amigos sobre lo que realmente es el amor, y creo que en esta película Woody Allen le dió exactamente en el clavo.Y no sólo el amor, después de una super agradable discusión post-película con Arte, me parece que la película presenta una filosofía de la vida misma y de cómo nos enfrentamos a ella. De las dos opciones que normalmente tenemos en la vida: ser Vicky o ser Cristina. Obviamente no le quiero estropear la película a nadie así que vayan a verla y, si terminan igual con cara de “wtf? juan está loco”, me dicen y la discutimos a gusto. :-D
martes, 26 de agosto de 2008
Afirmaciones firmes
La siguiente es una lista de afirmaciones a las que, después de reflexionar y basado en mis propias experiencias, hoy puedo afirmar yo como ciertas. Se podría decir que, de alguna manera, definen una buena parte de lo que es mi conjunto actual de creencias. Muchos de estos son hechos que me hubiera gustado haber comprendido, ya sea por mi cuenta propia o como parte de mi formación, a mucha más temprana edad. Me hubieran quizá evitado cometer muchos errores, o poner más atención a cosas que tienen más importancia de la que yo creía.
Advertencia 1: Intencionalmente, las afirmaciones están escritas un tono firme y directo. Esto lo hago, primero, para hacer muy clara mi posición respecto a los diversos temas que trato y, además, para incitar a que haya discusión si es que con algo no están de acuerdo. Trato temas sensibles, mis creencias pueden no coincidir con las tuyas y, por el tono en el que escribo, mis afirmaciones te podrían parecer ofensivas. Si eres una persona sensible a que se cuestionen sus creencias: no leas esto.
Advertencia 2: Estas son mis creencias, el día de hoy. No me comprometo a ninguna de ellas, el día de mañana podría cambiar radicalmente de opinión respecto a cualquiera. No los tomen tampoco como hechos porque “Juan lo dijo”. Si algo hace sentido para ti, tómalo, si no lo hace, ignóralo. Si estás dispuesto, discútelo.
Advertencia 1: Intencionalmente, las afirmaciones están escritas un tono firme y directo. Esto lo hago, primero, para hacer muy clara mi posición respecto a los diversos temas que trato y, además, para incitar a que haya discusión si es que con algo no están de acuerdo. Trato temas sensibles, mis creencias pueden no coincidir con las tuyas y, por el tono en el que escribo, mis afirmaciones te podrían parecer ofensivas. Si eres una persona sensible a que se cuestionen sus creencias: no leas esto.
Advertencia 2: Estas son mis creencias, el día de hoy. No me comprometo a ninguna de ellas, el día de mañana podría cambiar radicalmente de opinión respecto a cualquiera. No los tomen tampoco como hechos porque “Juan lo dijo”. Si algo hace sentido para ti, tómalo, si no lo hace, ignóralo. Si estás dispuesto, discútelo.
Amor y sexo
- No existe cosa tal como el “amor verdadero”.
- El amor no es binario (te quiero/no te quiero), ni único. Se pueden querer a diferentes personas en diferentes grados.
- Los sentimientos de las personas pueden cambiar con el tiempo.
- No hay nada de malo con el sexo (responsable).
- No hay nada de malo con el sexo antes del matrimonio. El sexo es parte importante de una relación (madura).
- No hay nada de malo con el sexo sin amor (de mutuo acuerdo). El sexo y el amor son dos cosas diferentes.
- En una relación formal, la fidelidad es importante.
- Las relaciones a larga distancia no funcionan. Elimina la distancia pronto o termina la relación.
- No hay nada de malo con la masturbación.
- No hay nada de malo con la homosexualidad. Ni puede haberlo, las preferencias sexuales no se deciden.
- No siempre puedes resolver los problemas de las personas a las que amas.
Creencias
- Dios no existe. No hay nadie contestando oraciones.
- Las religiones están basadas en tradiciones, no en verdades.
- No hay vida después de la muerte.
- La ciencia y el método científico funcionan.
- Los remedios “milagrosos” no funcionan. Si un remedio sirve, la ciencia lo puede comprobar y deja de ser “milagroso”.
- La homeopatía no sirve.
- Los placebos si sirven.
- “Natural” no implica “mejor” ni “más sano”.
- A las personas les gusta creer en conspiraciones.
- Historias de ovnis, brujas, fantasmas, monstruos, etc. son todas falsas.
- Todas las afirmaciones universales están mal.
El significado de la vida
- El fin último de la vida es ser feliz.
- Ir por la vida tratando de maximizar la felicidad y el placer inmediato no es la mejor estrategia para ser feliz a largo plazo. A veces hay que hacer sacrificios.
- El éxito profesional no implica felicidad.
- El dinero no puede comprar la felicidad. Pero ayuda.
- El amor es una fuente genuina de felicidad. El objetivo de una relación de pareja es buscar la felicidad mutua.
- Hacer las cosas que a uno le gustan, es otra fuente obvia de felicidad.
- Es útil planear, pero hay que considerar que las cosas no siempre salen como uno las espera.
- La vida no tiene por que ser justa. Muchas veces no lo es.
- Tú no eres “especial”. No es cierto que puedes conseguir cualquier cosa que te propongas si te esfuerzas lo suficiente.
- No es bueno ser inseguro.
- Es importante desarrollar habilidades sociales.
- Es bueno mantenerse saludable y cuidar el estado físico de su propio cuerpo.
- Es bueno, y útil, procurar una buena imagen física.
- No siempre puedes darle gusto a todos. No lo intentes, es inútil.
lunes, 20 de agosto de 2007
Porque así lo decidí yo
Resulta que este fin de semana nos fuimos en un viaje a Keswick, un pueblito a las orillas de un lago aquí en Inglaterra a unas dos horas de Manchester en camión. Y, cómo se me olvidó llevarme algún libro o algo para leer en el camino, tuve que hacer como los niños chiquitos y entretenerme con el poder de mi imaginación. Jaja :-P
Estaba yo de hecho tratando de armar la trama para un cuento que, espero, pronto encuentre un tiempo para desarrollar y finalmente compartirlo con todos. Pero bueno, de lo que se trata este post es de otras ideas y mal viajes que se me ocurrieron en el proceso de idear mi cuento (aunque no tienen nada que ver con él) y tienen que ver con el libre albedrío.
Seguramente muchos nos hemos preguntado, ¿qué significa tener libre albedrío?, y ¿cómo podemos saber si en verdad lo tenemos? Intuitivamente y en pocas palabras, el tener libre albedrío significa que yo tengo la libertad de elegir y de tomar mis propias decisiones. Por supuesto, influenciado por toda una cantidad de factores y condiciones externas que quieran pero, al fin, son mis decisiones.
Un ejemplo del caso contrario, si la realidad fuera que no gozamos de dicho libre albedrío, sería si un ser todo poderoso tuviera el poder de decidir todo lo que sucede con cada uno de nosotros y con el resto del Universo. Él decide, de alguna manera, el lugar que cada persona ocupa dentro del mundo en cada instante, la posición exacta de cada partícula que forma a rocas, plantas y otros seres. Él pone incluso lo que está pasando por la mente de cada individuo, irónicamente, haciéndoles creer que son ellos quienes tomas sus decisiones. Las personas que viven en este mundo no tienen libre albedrío, ya que no son ellas sino éste ser supremo quien ha determinado, de la forma más bizarra que se le ha podido ocurrir, el destino de todo lo que ocurre en cada instante.
Ahora supongamos por un momento que nosotros en realidad sí tenemos libre albedrío y, en el desenvolver del tiempo, cada instante del Universo es influenciado por las decisiones que todos y cada uno de nosotros tomamos en nuestras vidas. Un caos completamente impredecible pues cada uno de nosotros tenemos un verdadero poder para influenciar lo que ocurre en el futuro.
Pero hagamos entonces las cosas más interesantes. Imaginemos que hay otro ser de esos con increíbles poderes que, desde el inicio mismo del Universo, ha registrado la posición exacta de todas y cada una de las partículas que conforman a nuestro mundo. Él nunca toma decisiones por nosotros, ni siquiera trata de tener influencia sobre de ellas. Es un simple observador que, casi como un director de cine con cámara de video en mano, se ha puesto a registrar todos y cada uno de los acontecimientos que nosotros, en consecuencia de nuestras propias decisiones, hemos ido creando.
Finalmente imaginemos que este ser es además capás de reconstruir un nuevo Universo. Y ésto lo hace replicando, partícula a partícula, instante por instante, lo que grabó de nosotros cuando éramos libres y tomábamos decisiones. Él decide, tomando los datos de su grabación, el lugar que cada persona ocupa dentro del mundo en cada instante, la posición exacta de cada partícula que forma a rocas, plantas y otros seres. Él pone incluso lo que está pasando por la mente de cada individuo, irónicamente, haciéndoles creer que son ellos quienes tomas sus decisiones. Las personas que viven en este mundo no tienen libre albedrío, ya que no son ellas sino éste ser supremo quien ha determinado, de la forma más bizarra que se le ha podido ocurrir, el destino de todo lo que ocurre en cada instante.
¿Qué es entonces el libre albedrío y como podemos asegurarnos de que nuestras decisiones son en verdad nuestras (y no de otro ser en otro Universo)? ¿Hay alguna diferencia entre tener libre albedrío, y la ilusión perfecta de tenerlo?
Estaba yo de hecho tratando de armar la trama para un cuento que, espero, pronto encuentre un tiempo para desarrollar y finalmente compartirlo con todos. Pero bueno, de lo que se trata este post es de otras ideas y mal viajes que se me ocurrieron en el proceso de idear mi cuento (aunque no tienen nada que ver con él) y tienen que ver con el libre albedrío.
Seguramente muchos nos hemos preguntado, ¿qué significa tener libre albedrío?, y ¿cómo podemos saber si en verdad lo tenemos? Intuitivamente y en pocas palabras, el tener libre albedrío significa que yo tengo la libertad de elegir y de tomar mis propias decisiones. Por supuesto, influenciado por toda una cantidad de factores y condiciones externas que quieran pero, al fin, son mis decisiones.
Un ejemplo del caso contrario, si la realidad fuera que no gozamos de dicho libre albedrío, sería si un ser todo poderoso tuviera el poder de decidir todo lo que sucede con cada uno de nosotros y con el resto del Universo. Él decide, de alguna manera, el lugar que cada persona ocupa dentro del mundo en cada instante, la posición exacta de cada partícula que forma a rocas, plantas y otros seres. Él pone incluso lo que está pasando por la mente de cada individuo, irónicamente, haciéndoles creer que son ellos quienes tomas sus decisiones. Las personas que viven en este mundo no tienen libre albedrío, ya que no son ellas sino éste ser supremo quien ha determinado, de la forma más bizarra que se le ha podido ocurrir, el destino de todo lo que ocurre en cada instante.
Ahora supongamos por un momento que nosotros en realidad sí tenemos libre albedrío y, en el desenvolver del tiempo, cada instante del Universo es influenciado por las decisiones que todos y cada uno de nosotros tomamos en nuestras vidas. Un caos completamente impredecible pues cada uno de nosotros tenemos un verdadero poder para influenciar lo que ocurre en el futuro.
Pero hagamos entonces las cosas más interesantes. Imaginemos que hay otro ser de esos con increíbles poderes que, desde el inicio mismo del Universo, ha registrado la posición exacta de todas y cada una de las partículas que conforman a nuestro mundo. Él nunca toma decisiones por nosotros, ni siquiera trata de tener influencia sobre de ellas. Es un simple observador que, casi como un director de cine con cámara de video en mano, se ha puesto a registrar todos y cada uno de los acontecimientos que nosotros, en consecuencia de nuestras propias decisiones, hemos ido creando.
Finalmente imaginemos que este ser es además capás de reconstruir un nuevo Universo. Y ésto lo hace replicando, partícula a partícula, instante por instante, lo que grabó de nosotros cuando éramos libres y tomábamos decisiones. Él decide, tomando los datos de su grabación, el lugar que cada persona ocupa dentro del mundo en cada instante, la posición exacta de cada partícula que forma a rocas, plantas y otros seres. Él pone incluso lo que está pasando por la mente de cada individuo, irónicamente, haciéndoles creer que son ellos quienes tomas sus decisiones. Las personas que viven en este mundo no tienen libre albedrío, ya que no son ellas sino éste ser supremo quien ha determinado, de la forma más bizarra que se le ha podido ocurrir, el destino de todo lo que ocurre en cada instante.
¿Qué es entonces el libre albedrío y como podemos asegurarnos de que nuestras decisiones son en verdad nuestras (y no de otro ser en otro Universo)? ¿Hay alguna diferencia entre tener libre albedrío, y la ilusión perfecta de tenerlo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

