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domingo, 4 de julio de 2010

¿Por qué México siempre pierde en el mundial?

Como ya nos han acostumbrado en todos los mundiales recientes, México salió y fue a jugar en el mundial. El equipo nos regaló algunos buenos momentos, algunas buenas jugadas, pero finalmente en octavos de final fuimos descalificados y nos mandaron de regreso a casa.

Pero el tema central que quisiera comentar en este artículo no es sobre el desempeño del equipo, bueno o malo, en la cancha de juego, sino sobre el desempeño que tuvimos el resto de nosotros como afición. A diferencia de la mayoría de los artículos en este blog, este es un escrito sobre mi opinión personal, así que siéntanse con toda la confianza de estar en desacuerdo conmigo y hacérmelo saber en los comentarios al final de esta nota.

Empezaré por señalar que, en mi círculo social, yo pude observar las siguientes actitudes entre amigos y conocidos mexicanos frente al desempeño de nuestra selección nacional:
  1. Los indiferentes: ¿fútbol? ¿cuál partido?
  2. Los críticos: se quejan desde el principio de los recursos invertidos en la selección de fútbol, especialmente ya que nunca dan buenos resultados.
  3. Los cínicos: les molesta que otros estén interesados en el fútbol o que apoyen a México. Le iban a Argentina sólo para ver la cara de desilusión en los que sí apoyaban a México y decirles “¡te lo dije!”
  4. Los hipócritas: adoran y suben a nivel de dioses a los jugadores luego de enfrentar a Francia, pero no los pasan de brutos y tarados después de Argentina.
  5. Los incondicionales: Apoyaron y se emocionaron con México en las buenas, sufrieron con el resultado con Argentina, pero finalmente piensan que se hizo un buen esfuerzo.
Cada quién que se ponga su camiseta.

Y entiendo por qué es que muchas de estas actitudes se originan. México se encuentra en la desafortunada posición en la que es lo suficientemente bueno como para calificar sin demasiadas dificultades al mundial, pero no lo suficiente como para poder encontrarse cómodamente por lo menos entre “los mejores 8”. Posición desafortunada porque eso es lo que tiende a provocarnos cada cuatro años un escenario donde México nos emociona y nos promete un futuro, pero que eventualmente nos lleva a ese momento de desilusión. No es difícil ver cómo es que esto provoca reacciones cínicas e hipócritas en la afición.

Sin embargo quisiera poner esto un poco más en perspectiva. Calificar en el mundial y encontrarse entre los mejores 16 del mundo no es tarea fácil. No es algo que se logre sin un gran esfuerzo, habilidad y dedicación por parte del equipo y de sus jugadores. Me parece razonable decir que no calificar a cuartos de final es un fracaso para México, nuestro equipo puede y debe aspirar a más. Pero por eso decir que no se hizo ningún esfuerzo, que los jugadores no merecen el mínimo de nuestra admiración y respeto, me parece que es como descontar e ignorar el gran esfuerzo que se tiene que hacer para, por lo menos, llegar a ese lugar y podernos enfrentar con los mejores equipos de fútbol en todo el mundo.

Y eso me lleva a la pregunta que abre a este artículo. ¿Por qué México siempre pierde? ¿Qué deberíamos hacer para poder mejorar? Y no, no me parece que la respuesta sea más dinero o inversión. Algunas ideas flotando por ahí dicen que meter goles cuesta dinero, pero a mi me parece que es justo lo contrario. Son los goles los que traen dinero e inversión y sino pregúntenle, por lo menos, a los mejores jugadores de Brasil o de Europa y a quienes les pagan sus sueldos.

Si México pierde es por una razón que quizá nos puede costar trabajo asimilar y que quizá incluso cuando la diga pueda provocar sentimientos de desesperanza o derrotismo, pero les pido que me den un momento y continúen leyendo. Si México no gana es por una sencilla razón: Nuestros jugadores no son tan buenos como los de otros equipos superiores. No es falta de esfuerzo, no es falta de entrega, no es falta de dedicación. Simple y sencillamente, nuestros jugadores no son tan buenos o tan hábiles como los de los equipos que regularmente se encuentran entre los primeros 8 o 4 del mundo.

Bueno, la realidad es dura y fria. Pero, ¿podemos hacer algo? Si lo que México necesita son más y mejores jugadores de fútbol, ¿qué podemos hacer? Al menos desde mi punto de vista, lo que México necesita es una mejor infraestructura para fomentar, desarrollar y procurar a nuevos talentos; pero más importante un ambiente donde ser futbolista y aspirar a ser miembro de nuestra selección nacional pueda ser digno de respeto y admiración. Un niño brasileño puede mirar a Kaká y sentirse inspirado. “¡Mira a ese jugador! ¡Es buenísimo en el fútbol! ¡Es famoso! ¡Gana mucho dinero! ¡Es exitoso! Y, ¡es brasileño! ¡Yo soy brasileño! ¡Yo puedo ser cómo él!”. En México, ¿cómo pensamos motivar e inspirar a la juventud? ¿Quién quiere ser jugador de la selección para que, aún después de dar su mayor esfuerzo en la cancha, le llamen tarado y estúpido?

Y ojo que hablo de fútbol, pero recuerden también lo que ocurre con otros deportes, lo que ocurre en las olimpiadas. Recuerden también lo que ocurre con las artes y con la ciencia en nuestro país.

¿Por qué México siempre pierde en el mundial? Porque a su afición nos falta aún mucho por crecer y por aprender.

domingo, 6 de junio de 2010

El Día de la Toalla

El pasado 25 de mayo se celebró el Día de la Toalla. Yo en ocasiones pasadas lo he celebrado aquí en el blog y este año lo festejé con una pequeña mención en twitter.

Sin embargo, después de ver las reacciones de confusión o indiferencia de algunos amigos, me di cuenta que en efecto prácticamente nadie sabe lo que celebra ese día. Y quienes si ‘saben’ tienen la impresión de que esto no es mucho más que una gran ñoñada un poco tarada (aunque algo de eso es verdad). Sin embargo me parece triste que el verdadero motivo de la celebración sea ignorado prácticamente por todos, incluso quienes ‘celebramos’ el día solemos olvidar mencionarlo.

En el Día de la Toalla se celebra a la vida y obra de Douglas Adams, de quien yo ya me he declarado como su admirador. Él es el autor de The Hitchhiker's Guide to the Galaxy, una comedia que inició en la radio en la BBC y eventualmente se convirtió en una serie de novelas publicada en una “trilogía en 5 partes”. Es también en “La Guía” donde aparece por primera vez el chiste de “la toalla” que le da nombre al día en que lo celebramos.

Sin embargo Douglas fue mucho más que un comediante del género “humor ñoño inglés”. Él era también un fan declarado de la ciencia y la tecnología—notablemente fue uno de los primeros “Apple fanboys”—así como un gran promotor de la protección a los animales y el medio ambiente. Él estaba fascinado con el Internet y fue un activo usuario de las primeras comunidades en línea (en ese entonces newsgroups y los primeros foros). Desafortunadamente él murió repentinamente y relativamente joven en el 2001, a los 49 años de edad, justo antes del boom del web 2.0. Lo que es una lástima, porque de otro modo yo sería hoy definitivamente un fiel follower del “Blog de Douglas Adams” que sin embargo nunca pudo existir.

Hace un par de años la Universidad de California publicó en YouTube una de las últimas pláticas que Douglas Adams ofreció al público pocos meses antes de su muerte. La plática lleva el título Parrots, the Universe and Everything y habla sobre animales en peligro de extinción, así como del impacto que los humanos estamos teniendo en el medio ambiente y de la responsabilidad que tenemos para con él. El material está basado en Last Chance to See, uno de sus últimos libros escrito junto con el zoologista Mark Carwardine.

El video es es algo largo (dura casi hora y media) pero yo les recomiendo ampliamente que se busquen un rato libre en algún fin de semana y lo vean todo. Para darles una probadita, o si no tienen tanto tiempo para ver todo el video, les comparto aquí un extracto (traducido al español) de algunas de mis partes favoritas. Los interesados pueden leer también el transcript completo en inglés.

De los animales que fuimos a ver, uno de mis favoritos es el kakapo. El kakapo es una especie de perico que vive en Nueva Zelanda. Es un perico que, sin embargo, ha olvidado cómo volar. Tristemente, el perico ha olvidado también que ha olvidado cómo volar. Se dice que un kakapo terriblemente preocupado subió alguna vez a un árbol y saltó desde él. La opinión está divida sobre lo que ocurrió después: algunos dicen que desarrolló una primitiva especie de paracaidismo, otros dicen que vuela más bien como lo hace un ladrillo.

Y hablo de un kakapo terriblemente preocupado, pero la verdad es que es muy poco probable que te encuentres con un kakapo preocupado ya que, además, los kakapos no han aprendido a preocuparse. Parece algo realmente extraordinario porque preocuparse es algo para lo que todos somos increíblemente buenos, que nos sale de manera muy natural, y pensamos que debe de ser algo tan natural como respirar. Sin embargo resulta que preocuparse es un hábito que, como cualquier otra cosa, se adquiere. Es algo que estamos genéticamente predispuestos para hacerlo o no hacerlo. Y lo que ocurre es que el kakapo se desarrolló en Nueva Zelanda donde, hasta antes de que arribó el hombre, no había ningún depredador. Y son los depredadores quienes, después de varias generaciones, te van enseñando a preocuparte. Y si no tienes depredadores, nunca se te va a ocurrir la necesidad de preocuparte.

De hecho hay otro ejemplo de esto en las Islas Galápagos, donde hay una especie de animal llamado alcatraz patiazul (Blue-footed Booby). El alcatraz patiazul se llama así, me parece, por dos razones: la primera de ellas tiene que ver con el color de sus pies, y la segunda tiene que ver con esta forma de comportamiento que voy a describir a continuación. Aparentemente uno puede caminar hacia un alcatraz patiazul, que estará por ahí sentado en la playa o sentado en una rama, llegar hasta el y hacer algo así como levantarlo con las manos. Y lo que el alcatraz estará pensando es que una ves que hayas terminado con él, lo vas a poner de regreso en su lugar. Y si no has enfrentado generación tras generación a seres tratando de comerte, es muy fácil llegar a esa conclusión.

Así que, como dije, el kakapo se desarrolló en un ambiente sin depredadores. Todos ellos eran aves y, como la naturaleza tiende a ser muy oportunista, las formas de vida fluyen hacia cualquier nicho en que sea posible desarrollar una vida. Si puedo ser algo atrevido y antropomorfizar por un momento, es como si algunas de las aves hubieran pensado, “Esta cosa de volar, es muy muy costosa. Requiere de mucha energía. Tienes que comer un poco, volar un poco, comer un poco, volar un poco. Porque cada ves que comes algo estás más pesado y cuesta más trabajo volar, así que tienes que comer un poco, volar un poco. Digo, ¡deben de haber otras formas de vivir!” Y es como si algunas de las aves hubieran dicho, “Sabes, lo que podríamos hacer es tomar una comida más grande, ¡y después contonearnos dando una caminada!

Así gradualmente, después de varias generaciones, muchas de las aves perdieron su habilidad de volar y tomaron la vida terrestre: el kiwi, el ave más famosa de Nueva Zelanda, el weka, así como el viejo perico de la noche—como se le suele llamar—el kakpo. El kakapo es un tipo de ave grande, gorda, suave, plumosa y lúgubre. Y como nunca aprendió a preocuparse, cuando el hombre arribó y trajo consigo a estas fieras mortales que son los perros, gatos, armiños y el animal más destructivo de todos (después del hombre) que es Rattus rattus, la rata de los barcos, de pronto todas estas aves se encontraron ¡contoneándose por sus vidas! Excepto que, de hecho, no sabían como hacerlo. Porque cada vez que eran confrontadas por un depredador no sabían que hacer, no sabían cual era la norma social, ellas sólo esperaban ahí a que el otro animal realizara su siguiente movimiento que, por supuesto, usualmente era bastante repentino y mortal.

Así que de pronto, de haber una población de probablemente unos cientos de miles de estas aves, su población cayó estrepitosamente hasta poco menos de cuarenta, que es donde aproximadamente se encuentra ahora. Y hay grupos de personas que dedican sus vidas enteras en tratar de salvar y conservar a estos animales. Pero un problema con el que se han encontrado estas personas es que no sólo protegerlos de los depredadores es muy muy difícil. El siguiente problema son los rituales de apareamiento del kakapo, los cuales son increíblemente tardados, fantásticamente complicados, y casi completamente ineficaces.

Algunas personas dicen que el llamado de apareamiento del kakapo macho intencionalmente ahuyenta a la kakapo hembra. Que es el tipo de comportamiento que de otro modo sólo encontrarías en las discotecas. Las personas que han escuchado el llamado de apareamiento del kakapo macho te dirán que apenas se puede escuchar. Este animal, durante unas cien noches al año, realiza su ritual de apareamiento que inicia buscando un gran agrupamiento rocoso con vista hacia los grandes valles de Nueva Zelanda. Y es que la acústica es muy importante para lo que está a punto de ocurrir. El kakapo prepara una especie de cuenco entre las rocas, se sienta en él, y expulsa todo el aire que tiene en esta especie de sacos en sus pechos. Es una especie de cámara de reverberación. Y se sienta ahí, noche tras noche tras noche, unas cien noches del año, durante ocho horas cada noche, interpretando los primeros compases de The Dark Side of the Moon. Que, como podrán recordar, empieza con esta grandiosa especie de boom, boom, boom. Es como el sonido de un latido de corazón, y este es el sonido que hace el kakapo. Pero es un sonido tan profundo que más que escucharlo, realmente lo sientes, como una vibración en la boca de tu estómago.

Resulta, de hecho, que éste es un sonido grave. Un sonido grave y muy profundo apenas por debajo de lo que podemos escuchar. Resulta también que los sonidos graves tienen dos características importantes. La primera de ellas son estas grandes y largas ondas de sonido que viajan enormes distancias, y que llenan a los grandes valles en Nueva Zelanda. Y eso está bien. Eso está bien. Pero hay otra característica de los sonidos graves, con la que pueden estar familiarizados si tienen uno de estos equipos de sonido estéreo que pueden comprar. En los que tienes dos pequeñas bocinas que te dan los sonidos agudos, y esas las tienes que posicionar con mucho cuidado dentro del cuarto, porque son las que definen la imagen estéreo del sonido. Y luego tienes también lo que se conoce como un subwoofer, que es la caja que va a producir sólo los sonidos graves, y que puedes poner donde quieras en cualquier lugar del cuarto. Puedes ponerla detrás del sillón si quieres, porque otra característica del sonido grave—y recuerden que estamos hablando de la llamada de apareamiento del kakapo macho—¡es que no puedes saber de donde viene!

Así que imaginen, si gustan, a este kakapo macho sentado allí arriba, haciendo estos booms de sonidos que, si hay una hembra por ahí—que probablemente no la hay—y si le gusta el sonido de este boom—que probablemente no es así—¡entonces no puede encontrar a quién está haciendo el sonido! Pero suponiendo que sí, suponiendo que ella está por ahí—que probablemente no está—que le gusta el sonido del boom—que probablemente no le gusta—suponiendo que ella puede encontrarlo—que probablemente no puede—entonces ella sólo va a consentir en copular ¡si el árbol del Podocarpus está dando fruta!

Bueno, todos hemos tenido relaciones como esa …

Pero suponiendo que ellos logran pasar todos estos obstáculos, suponiendo que ella logra encontrarlo, entonces ella sólo va a poner un huevo cada dos o tres años, ¡que va a ser prontamente devorado por un armiño o una rata! Y uno se pone a pensar, antes de que tratáramos de salvarlos y conservarlos, ¡cómo es que han logrado sobrevivir por tanto tiempo!

La respuesta es terriblemente interesante, y es esta: este comportamiento nos parece absurdo a nosotros, pero es sólo porque su ambiente ha cambiado en una manera particular y dramática que es completamente invisible para nosotros. Y su comportamiento está completamente en sintonía con el ambiente en el que se desarrolló, y completamente fuera de tono con el ambiente en el que ahora se encuentra. Porque en un ambiente donde no hay nada tratando de comerte, no quieres reproducirte muy rápido.

Resulta incluso que puedes graficar esto en la computadora. Si tomas una determinada tasa de reproducción, tomas en cuenta la habilidad de un medio ambiente para mantener cierto nivel de población, empiezas con una tasa de reproducción muy baja y lo graficas a lo largo de varias generaciones, verás que la población comienza a subir, subir, subir y de pronto se estabiliza y alcanza un nivel constante. Sube un poco el nivel de reproducción, y sube, y llega un poco más alto y quizá entonces se estabiliza. Sube un poco más el nivel de reproducción, y sube, y se va muy alto, y empieza a caer, y se va muy bajo, sube, muy alto, y se establece en una especie de onda sinusoidal. Sube un poco más la tasa y empieza entonces a oscilar entre cuatro valores diferentes. Sube la tasa más y más, y de pronto te encuentras con esta increíblemente popular condición llamada caos, donde la población del animal da bruscos saltos de un año al siguiente y, por tan sólo las matemáticas la situación, en algún momento va a pegarle al cero. Y una ves que tocas el cero como que ya no hay camino de vuelta.

Es por eso que, como la naturaleza tiene a ser muy eficiente no va a gastar energía y recursos en algo que no va a redituar, y la tasa de reproducción de una animal en un ambiente sin depredadores se va a ajustar por sí misma al nivel adecuado. En particular, si no hay nada tratando de comerte, esa tasa de reproducción va a ser muy baja. Y esa es la tasa a la cual el kakapo solía reproducirse, y que continúa haciéndolo a pesar de ser depredado, porque no sabe nada mejor que hacer. Porque nada en el transcurso de este tiempo le ha enseñado que debe hacer algo diferente, porque el cambio ocurrió tan repentinamente que no hay una curva gradual de presión evolutiva, que es lo que suele provocar los cambios. Si tienes un cambio dramático y repentino, entonces no hay ninguna dirección a donde ir y lo único que tienes es desastre.

Así que de nuevo, si puedo antropomorfizar por un momento, lo que parece haber ocurrido es que el animal, encontrándose de pronto en una crisis en su población, piensa, “Whoa, whoa! Debería de hacer, hacer, lo que hago fantásticamente bien, lo que es mi cosa principal, ¡que es que me reproduzco muy muy lentamente!” Y su población sigue cayendo. “Bien, debería realmente hacer muy bien, esta cosa que yo hago, ¡y reproducirme muy muy muy muy lentamente!” Y nos parece absurdo a nosotros porque podemos ver un panorama más grande de lo que ellos pueden. Pero si este es el tipo de comportamiento que has evolucionado exitosamente a producir, entonces hacer cualquier otra cosa sería ir en contra de tu naturaleza kakapo, sería una cosa inkakapo que hacer. Y no hay otra cosa que le enseñe algo más que hacer que lo que siempre ha hecho, seguir su estrategia exitosa, pero como ahora las cosas han cambiado, su estrategia ya no es exitosa, y el animal se encuentra en un terrible apuro.



Hay una terrible ironía en el hecho de que cuando mejor somos capaces de entender, apreciar y valorar la riqueza en la vida que nos rodea, la estamos también destruyendo con la mayor rapidez como nunca se había destruido antes. Y estamos perdiendo especie tras especia, día tras día, sólo porque estamos quemando todo para generar combustible. Es una terrible condena de nuestro propio entendimiento. Y cometemos entonces otro error, porque pensamos que de algún modo todo esto está bien, de algún modo fundamental, porque pensamos que todo esto estaba de algún modo “destinado a ocurrir.”

Déjenme explicar cómo es que llegamos a esta forma de pensamiento, porque es precisamente la forma de pensamiento en la que el kakapo se encuentra atrapado. Porque lo que ha sido para el kakapo una estrategia exitosa generación tras generación por cientos y cientos de años, de pronto es la estrategia equivocada, y no tiene forma de saberlo porque él solo sigue haciendo lo que le ha sido exitoso hasta entonces. Mientras que nosotros hemos sido siempre fabricantes de herramientas, tomamos de nuestro ambiente las cosas que necesitamos para ser las cosas que hacemos, y eso ha sido siempre muy exitoso para nosotros.

Les diré lo que ha ocurrido. Es como si hubiéramos puesto el botón de “pausa” en nuestro propio proceso de evolución, porque hemos puesto esta cubierta al rededor de nosotros, que consiste en medicina, educación, edificios, todas estas cosas que nos protegen de las presiones ambientales normales. Y es nuestra habilidad para fabricar herramientas la que nos permite hacer esto.

Normalmente lo que produce la formación de especies es cuando un pequeño grupo de animales se separa del cuerpo principal de la población, algún transtorno geográfico o lo que sea. Imagina entonces que un pequeño grupo se encuentra entonces varado en un ambiente un poco más frio. Luego de unas cuantas generaciones los genes que favorecen un abrigo más grueso van a comenzar a dominar y, algunas generaciones después, el animal tiene un abrigo más grueso. Los seres humanos, por su habilidad de fabricar herramientas, podemos llegar a un ambiente donde hace mucho más frio y no tenemos que esperar a ese proceso. Porque vemos a un animal que ya tiene el abrigo grueso y decimos, ¡lo obtendremos de él! Y entonces, de algún modo, hemos tomado control sobre nuestro ambiente. Y eso está muy bien, pero tenemos también que ver más allá de ese proceso, de esa visión, y tener un panorama más amplio, entender el efecto que realmente estamos provocando.

Imaginemos ahora, si gustan, a un humano primitivo, y tratemos de ver como es que llega a esta forma de pensamiento. Él está de pié, reconociendo su mundo al final del día. Lo ve y piensa, “Éste es un mundo maravilloso en el que me encuentro. Esto está muy bien. Digo, mira, yo estoy aquí, detrás de mi están las montañas, y las montañas son geniales porque tienen cuevas en las que me puedo resguardar del clima o de los osos que ocasionalmente vienen y tratan de atacarme. Pero me puedo resguardar ahí y eso es genial. Y en frente de mí está el bosque, y el bosque está lleno de nueces y frutos y árboles que me dan de comer, y son deliciosos, y me mantienen siguiendo adelante. Y aquí atraviesa un arroyo que tiene peces nadando en él, y el agua es deliciosa, yo bebo el agua y todo es fantástico.

“Y ahí está mi primo Ug. ¡Y Ug acaba de cazar un mamut! ¡Bravo! ¡Ug cazó un mamut! ¡Los mamuts son estupendos! No hay nada mejor que un mamut, porque te puedes cubrir con el pelaje de un mamut, puedes comer la carne de un mamut, y puedes usar los huesos de un mamut ¡para cazar otros mamuts! Este es un mundo fantástico para mi.”

Y parte de cómo hemos logrado tomar el mando de nuestro mundo y de nuestro ambiente, para fabricar estas herramientas que nos permiten hacerlo, es haciéndonos preguntas sobre esto todo el tiempo. Así que este humano comienza a hacerse preguntas. “Este mundo”, él dice, “mmm, ¿quién …, mmm …, quién lo hizo?” Por supuesto piensa que como él mismo fabrica cosas, hace cosas, él está buscando a quién ha hecho a este mundo. El dice, “Entonces, ¿quién habrá hecho este mundo? Bueno, debe ser seguramente alguien un poco como yo. Obviamente mucho mucho más grande. Y necesariamente invisible. Pero él lo habría hecho. Ahora, ¿por qué lo hizo?”

Nosotros siempre nos preguntamos “¿por qué?” porque siempre estamos buscando intención al rededor nuestro, porque siempre hacemos las cosas con alguna intención. Por ejemplo, hervimos un huevo para comerlo. Entonces miramos a las rocas, miramos a los árboles, y nos preguntamos ¿qué intención puede haber ahí?, aún cuando no tiene ninguna intención. Entonces pensamos, ¿cuál era la intención de esta persona al hacer este mundo? Y este es el punto donde pensamos, “Pues el mundo se ajusta bastante bien a mi. Mira, las cuevas y los bosques, y el arroyo, y los mamuts. ¡Él lo debió de haber hecho para mi! Digo, no hay ninguna otra conclusión a la que puedes llegar.”

Y es un poco como un charco de agua despertando una mañana—se que los charcos normalmente no hacen esto pero permítanme, soy escritor de ciencia ficción—un charco se levanta una mañana y piensa, “Éste es un mundo muy interesante en el que me encuentro. Se ajusta bastante bien a mi. De hecho, me ajusta tan bien, digo, me ajusta exactamente, ¿no es así? ¡Debió haber sido hecho para tenerme a mi en él!” El charco continúa narrando esta historia sobre el hoyo que ha sido hecho para tenerlo a él, el sol se levanta y gradualmente el charco se va haciendo más y más pequeño hasta el punto en que deja de existir cuando sigue pensando, sigue atrapado en esta idea, de que el hoyo estaba ahí para él. Y si seguimos pensando que el mundo esta aquí para nosotros, vamos a continuar destruyéndolo en la forma que lo hemos hecho hasta ahora, porque creemos que no podemos hacer ningún daño.

Y nos estamos comportando como si este planeta, esta absolutamente extraordinaria pequeña bola de vida, fuera algo con lo que podemos disponer de la manera que nos de la gana. Y quizá no podemos. Quizá deberíamos de estarlo cuidando cuando menos un poco mejor. No por el bien del mundo, hablamos elocuentemente sobre “Salvar al mundo.” No tenemos que salvar al mundo, ¡el mundo está bien! El mundo es lo suficientemente grande como para poder cuidarse sólo. Sobre lo que tenemos que estar preocupados es sobre si el mundo en que vivimos va a ser capaz o no de mantenernos en él. Eso es sobre lo que tenemos que estar pensando.

Extractos de Parrots, the Universe and Everything de Douglas Adams.

Y como premio para quienes hayan llegado hasta aquí, les dejo un video del kakapo. El video es del programa de televisión de la BCC, Last Chance to See, continuado por Mark Carwardine y Stephen Fry después de la muerte de Douglas.

sábado, 14 de febrero de 2009

Obamania

Este post lo tenía pendiente desde hace ya casi un mes. El tema igual y ya hasta pasó de moda. Pero bueno. Resulta que, por coincidencias de la vida, me tocó estar en Estados Unidos el día de la “Inauguración” de Barack Obama.

Y pues me sorprendió bastante que, aparentemente, fue todo un suceso. Durante todo el tiempo que estuve por allá, el país entero estaba envuelto en una declarada Obamania. En la tele vendían la “moneda conmemorativa de Obama”, “sea poseedor de una pieza de la historia” decía el hombre del anuncio. En las tiendas se vendían camisetas y gorras de Obama. Las librerías tenían todas un estante completo con libros sobre el nuevo presidente. Sin falla alguna, todos los días que estuve yo en Estados Unidos, el periódico traía en primera plana alguna historia sobre Obama.



Y el día de la inauguración ni se diga. Todas las actividades se paralizaron por completo durante todo el transcurso del discurso. Huéspedes y empleados del hotel, todos por igual prendidos de la televisión, atentos escuchando las palabras de Obama.

La experiencia en general me recordaba un poco a cuando Fox ganó las elecciones en el 2000, pero aún mucho más exagerado. Las ilusiones y esperanzas de toda la población por las nubes.

Y bueno, toda la vendimia en realidad no me extraña demasiado, los gringos se pintan solos para aprovechar cualquier oportunidad y hacer negocio de lo que puedan. Sin embargo, de todos modos, toda esta atención al nuevo presidente me pareció excesiva. Estoy de acuerdo que es definitivamente un evento importante, y seguramente significativo en la historia no sólo de los Estados Unidos, sino del mundo entero. Pero, ¿tanto?

Y lo peor son algunas de las explicaciones que he escuchado. “Es que es el primer presidente negro”. Se me revuelve el estómago cuando escucho eso. ¿Qué acaso la gente votó para elegir su presidente por el color de su piel? A mi me parecía que ese tipo de distinciones estaban ya superadas, y que los factores más importantes para elegir a un presidente deberían de ser la calidad de sus ideas, y de sus propuestas. Pero bueno, parece que no es del todo así.

La otra razón que comúnmente dan. “Es que implica un cambio, las cosas ahora si van a mejorar”. Comentarios como ese me hacen sentir como ir al teatro y aplaudir antes de que empiece la obra. No se, quizá soy yo ya el que está exagerando.

Y por último, el otro comentario que he escuchado es. “No es por Obama. Toda la fiesta es porque se fue Bush”. Y bueno, ese comentario es al menos más divertido, pero vamos, luego de Guatemala también está Guatepeor, así que yo diría mejor esperar un poco y ver cómo se van desarrollando las cosas.

Siendo sinceros, la verdad es que si me parece, o al menos igual tengo ‘esperanzas’, que Obama pinta para hacer un buen trabajo como presidente. Pero en general esta idea de andar haciendo fiesta antes de haber ganado el partido, como que no me acaba de convencer. O bueno, no se, ¿ustedes que opinan?

jueves, 24 de enero de 2008

Soy leyenda

Ayer fui a ver I Am Legend y, en corto, no me gustó. Si tiene dos o tres secuencias interesantes de acción, del tipo de película que yo me esperaba después de ver los cortos, pero está llena también, algo que no esperaba, de propaganda religiosa.

Y no es que tenga nada en contra de la religión en las películas. Millions, por ejemplo, es una bonita película, con motivos religiosos evidentes, que con gusto les podría recomendar. ¿Quieren ver una película que los invite a reflexionar sobre los valores y la naturaleza humana? Vean mejor Children of Men. ¿Por qué no me gustó I Am Legend? Porque trata de promover el argumento de que uno debe de preferir a las supersticiones y las coincidencias sobre la razón y la ciencia.

*** HERE BE SPOILERS ***

La película inicia con una entrevista en la televisión que se le hace a una doctora quién, modificando al virus del sarampión, ha logrado crear una cura para el cáncer. Más tarde nos enteramos que, tres años después, el virus se salió de control, mató al 90% de la población mundial, al 9% los convirtió en monstruos tipo zombie con síntomas parecidos a la rabia, quienes a su ves se alimentan del 1% restante de los humanos que resultaron ser naturalmente inmunes al virus.

El personaje principal, Robert Neville (Will Smith), es un científico militar que resultó ser inmune al virus y es, aparentemente, el único humano sano que quedó en la ciudad de Nueva York. Pasa su tiempo haciendo lo posible por ‘vivir’ en la ciudad ahora devastada, mientras que continua trabajando buscando una cura para el nuevo virus.

En la última tercera parte de la película aparece otro personaje, Anna (Alice Braga) quien llega en un momento climático de la película a salvar a Neville. Ella es otra sobreviviente que viajó desde Maryland después de escuchar unas transmisiones que él hacía por la radio para tratar de ponerse en contacto con otros sobrevivientes. Y aquí es donde empieza la propaganda.

Neville y Anna discuten. Ella afirma que “Dios la hizo encontrar a Neville y salvarle la vida”, y que conoce de la existencia de una colonia de sobrevivientes ya que “Dios se lo ha dicho”. Neville, enojado, le contesta que “Dios no puede existir, pues Él no podría permitir que haya existido tanto sufrimiento“. La respuesta de Anna: “Dios tiene un plan, no lo podemos entender, pero debemos de tener fe”.

Cerca del final Neville y Anna se encuentran acorralados por los zombies en un laboratorio y, justo en ese momento, descubren que el último intento de Neville por crear un antídoto ha funcionado. Después de ver en Anna el tatuaje de una mariposa, de observar que el vidrio que los separaba de los zombies se comienza a quebrar dibujando la forma de una mariposa, y de recordar que su hija (antes de morir en un accidente tratando de escapar de Nueva York) le habló también de una mariposa; Neville decide finalmente creer en Dios y en Su plan. Él le pide a ella que se resguarde en el interior de un viejo horno con una muestra del antídoto y procede a sacrificarse haciéndose explotar con una granada junto con el resto de los zombies.

La película termina con Anna llegando a la colonia de sobrevivientes, que muestra prominentemente una iglesia, mientras explica que Neville se ha convertido en una leyenda por haber encontrado el antídoto para el virus.

Sin entrar demasiado en discusiones, no puedo entender porque la doctora que busca crear la cura para el cáncer es ‘mala’, mientras que Neville buscando el antídoto es ‘bueno’. Las intenciones de ambos eran, al menos desde el punto de vista de la humanidad, totalmente buenas. Los estudios científicos de la doctora eran arrogantes pues trataban de “jugar a Dios”, ¿por qué los de Neville no lo eran?. Ambos, finalmente, estaban haciendo ciencia. ¿Quién nos dice que la ‘cura’ de Neville no será el próximo virus que finalmente aniquile a toda la humanidad?

Y, ¿el plan de Dios?. ¿Por qué Su plan involucraría matar o hacer sufrir al 99% de las personas? ¿Para enseñarles una lección al 1% restante? ¿Cuál es la lección? “No hagas preguntas.”

Como dato curioso: la película está basada en una novela, también llamada I Am Legend, de Richard Matheson. El mensaje de la historia original, sin embargo, es totalmente diferente. En ella Neville eventualmente descubre que, desde el punto de vista de los seres infectados, él es un monstruo, una figura mítica y legendaria, que los ataca y que los trata de matar mientras duermen. Al final él es capturado y ejecutado mientras reflexiona en cómo es que se ha convertido, para esos seres, en una leyenda.

lunes, 20 de agosto de 2007

Porque así lo decidí yo

Resulta que este fin de semana nos fuimos en un viaje a Keswick, un pueblito a las orillas de un lago aquí en Inglaterra a unas dos horas de Manchester en camión. Y, cómo se me olvidó llevarme algún libro o algo para leer en el camino, tuve que hacer como los niños chiquitos y entretenerme con el poder de mi imaginación. Jaja :-P

Estaba yo de hecho tratando de armar la trama para un cuento que, espero, pronto encuentre un tiempo para desarrollar y finalmente compartirlo con todos. Pero bueno, de lo que se trata este post es de otras ideas y mal viajes que se me ocurrieron en el proceso de idear mi cuento (aunque no tienen nada que ver con él) y tienen que ver con el libre albedrío.

Seguramente muchos nos hemos preguntado, ¿qué significa tener libre albedrío?, y ¿cómo podemos saber si en verdad lo tenemos? Intuitivamente y en pocas palabras, el tener libre albedrío significa que yo tengo la libertad de elegir y de tomar mis propias decisiones. Por supuesto, influenciado por toda una cantidad de factores y condiciones externas que quieran pero, al fin, son mis decisiones.

Un ejemplo del caso contrario, si la realidad fuera que no gozamos de dicho libre albedrío, sería si un ser todo poderoso tuviera el poder de decidir todo lo que sucede con cada uno de nosotros y con el resto del Universo. Él decide, de alguna manera, el lugar que cada persona ocupa dentro del mundo en cada instante, la posición exacta de cada partícula que forma a rocas, plantas y otros seres. Él pone incluso lo que está pasando por la mente de cada individuo, irónicamente, haciéndoles creer que son ellos quienes tomas sus decisiones. Las personas que viven en este mundo no tienen libre albedrío, ya que no son ellas sino éste ser supremo quien ha determinado, de la forma más bizarra que se le ha podido ocurrir, el destino de todo lo que ocurre en cada instante.

Ahora supongamos por un momento que nosotros en realidad sí tenemos libre albedrío y, en el desenvolver del tiempo, cada instante del Universo es influenciado por las decisiones que todos y cada uno de nosotros tomamos en nuestras vidas. Un caos completamente impredecible pues cada uno de nosotros tenemos un verdadero poder para influenciar lo que ocurre en el futuro.

Pero hagamos entonces las cosas más interesantes. Imaginemos que hay otro ser de esos con increíbles poderes que, desde el inicio mismo del Universo, ha registrado la posición exacta de todas y cada una de las partículas que conforman a nuestro mundo. Él nunca toma decisiones por nosotros, ni siquiera trata de tener influencia sobre de ellas. Es un simple observador que, casi como un director de cine con cámara de video en mano, se ha puesto a registrar todos y cada uno de los acontecimientos que nosotros, en consecuencia de nuestras propias decisiones, hemos ido creando.

Finalmente imaginemos que este ser es además capás de reconstruir un nuevo Universo. Y ésto lo hace replicando, partícula a partícula, instante por instante, lo que grabó de nosotros cuando éramos libres y tomábamos decisiones. Él decide, tomando los datos de su grabación, el lugar que cada persona ocupa dentro del mundo en cada instante, la posición exacta de cada partícula que forma a rocas, plantas y otros seres. Él pone incluso lo que está pasando por la mente de cada individuo, irónicamente, haciéndoles creer que son ellos quienes tomas sus decisiones. Las personas que viven en este mundo no tienen libre albedrío, ya que no son ellas sino éste ser supremo quien ha determinado, de la forma más bizarra que se le ha podido ocurrir, el destino de todo lo que ocurre en cada instante.

¿Qué es entonces el libre albedrío y como podemos asegurarnos de que nuestras decisiones son en verdad nuestras (y no de otro ser en otro Universo)? ¿Hay alguna diferencia entre tener libre albedrío, y la ilusión perfecta de tenerlo?

sábado, 21 de julio de 2007

La ciencia y el fútbol

En el marco del XXX Congreso Nacional de Pediatría, que se llevó a cabo del 4 al 8 de Julio en el World Trade Center de la ciudad de México, se celebró también un foro “Los niños opinan” donde se invitaba a estudiantes de primaria y secundaria a exponer a los pediatras los problemas más relevantes que creen que los afectan.

Uno de los trabajos que destacó en este foro fue el de Carolina Aranda Cruz, una estudiante de quinto año de primaria en el Liceo Japonés, donde contrasta el apoyo que se da en México a la ciencia con la inversión que se hace en, por ejemplo, el fútbol. Carolina fue invitada a dar un discurso y a exponer su trabajo en la inauguración del congreso, noticia que fue después también publicada en periódicos como Reforma (requiere subscripción) y la Jornada [1], así como una nota en el Canal 11. Al parecer la nota ahora también está siendo distribuida en una cadena de emails y en blogs.

El texto integro de su discurso, que fue publicado en Reforma y que yo tomo del blog Como en botica, es el siguiente.

A las personas de hoy casi no les interesa la ciencia; les interesa más el fútbol. Los periódicos pocas veces tienen notas de ciencia y la radio y la televisión casi nunca. Sólo publican cuando ocurre algo que no pueden ocultar, como cuando llegó a la luna Neil Armstrong.

Todos los días aparecen notas de fútbol, entrevistas con jugadores y hasta nos cuentan chismes de su vida: que si Galilea Montijo fue novia de Cuauhtémoc Blanco… pero no toman en cuenta que tenemos derecho a estar bien informados sobre ciencia. Y así como sabemos tanto de fútbol sabemos tan poco y tan mal de nuestros científicos que da pena. Ese es el caso de Guillermo Haro. Guillermo Haro, astrónomo mexicano, descubrió cometas y muchos cuerpos celestes y no cuenta siquiera con una biografía.

He visitado nueve grandes librerías y ninguna tiene nada sobre él. ¿Por qué apoyar más a los futbolistas que a los científicos? ¿Son mejores personas? ¿Producen mayor riqueza? ¿Nos divierten más? No creo: gracias a los científicos también nos divertimos, ellos inventaron las computadoras, los iPod, los simuladores.

Además, salvo en algunos casos, los jugadores de fútbol nos hacen ver muy mal mundialmente y nuestros científicos, que nadie apoya no. Estoy segura que México es de los países que tienen algunos de los mejores científicos. Además nos hacen quedar muy bien. Son como los atletas paralímpicos que, sin apoyo, ganan medallas.

¿Por qué no apoyar una educación de excelencia? Tenemos derecho a ella. ¿Alguno de ustedes conoce a Guillermo Haro? Supongo que muy pocos. Y los que no, no tienen la culpa: cuando nuestro equipo de fútbol gana partidos de poca importancia hasta el Presidente los felicita y los entrevistan en todos lados. Cuando Guillermo Haro descubrió varias estrellas rojas y azules sólo lo felicitaron otros científicos.

Gracias a la ciencia calentamos en unos segundos la comida en el microondas, gracias a la ciencia nuestras madres no se pasan la vida lavando pañales. Estos inventos son resultado de las misiones al espacio. Por los científicos nuestra ropa es ligera y abrigadora. Por ellos podemos leer aunque se oculte el Sol o ver a cientos de kilómetros un partido de fútbol.

¿Les gusta la televisión a colores? Yo nunca conocí una en blanco y negro, y la televisión a colores fue invento del mexicano Guillermo González Camarena. Gracias a los científicos mexicanos podemos ver mejor las estrellas pues aquí se fabrican los mejores lentes de astronomía.

Hace un año el Instituto de Astronomía de la UNAM envió a las Islas Canarias un instrumento de precisión para el que será el observatorio más importante del mundo. Tiene nueve lentes y 270 piezas.

Y mirar astros nos debe importar porque somos, como escribió Carl Sagan, “polvo de estrellas”, de allí venimos. Países desarrollados como Alemania, Estados Unidos y Japón invierten mucho apoyo en ciencia. México cada vez invierte menos, y pese a ello contamos con grandes científicos como Guillermo Haro, que vivió y murió siendo un desconocido.

El premio Nóbel de Química, Mario Molina nació en México, pero se tuvo que ir a Estados Unidos. Por desgracia no es el único caso. Muchos jóvenes científicos hacen lo mismo.

¿No podría nuestro gobierno invertir más en educación? Tenemos derecho a una educación de excelencia.

Me da pena que nuestro gobierno y nuestros empresarios inviertan tanto en fútbol y seamos tan malos. Me da pena que inviertan tan poco en ciencia y seamos tan buenos. Tenemos la mejor Universidad de Hispanoamérica según el periódico Time y cada vez le damos menos recursos a la UNAM. ¿Por qué no apoyar a lo que ya da resultados? Un País que no invierte en ciencia y educación siempre será un País pobre ¿Queremos un México pobre? ¿Seguiremos dejando que nuestros Mario Molina se vayan a otros países?

Pobre México nuestro tan cerca del fútbol y tan lejos de la ciencia.

Y, aunque no estoy de acuerdo con Carolina en algunos de los detalles, ciertamente es un trabajo muy interesante que nos invita a reflexionar y a revaluar nuestras prioridades como país y como personas individuales. Felicidades Carolina, y que gusto ser recordado que también existen en México personas que piensan como tú.

jueves, 21 de junio de 2007

Es falso

Hoy en la mañana tuve junta con mi asesor. Entre otras cosas comentamos sobre un pequeño resultado que sería interesante obtener para darle más soporte a la línea de investigación que llevamos y reforzar otros resultados anteriores. Incluso lo discutimos brevemente, y la prueba del nuevo resultado se veía ‘trivial’.

Pues, como se podrán ya imaginar, resultó que el resultado era falso. Una hoja llena de notas y rallones que parecen no tener sentido demuestran, con todo rigor matemático, que el resultado es falso. Y esto me hizo reflexionar sobre la frialdad de las matemáticas, no sirve de nada que alguien te diga: “¡ánimo! ¡tú puedes! ¡si te esfuerzas seguro lo lograrás probar!”

No. El resultado es falso, y así se quedará por siempre.