Pero el tema central que quisiera comentar en este artículo no es sobre el desempeño del equipo, bueno o malo, en la cancha de juego, sino sobre el desempeño que tuvimos el resto de nosotros como afición. A diferencia de la mayoría de los artículos en este blog, este es un escrito sobre mi opinión personal, así que siéntanse con toda la confianza de estar en desacuerdo conmigo y hacérmelo saber en los comentarios al final de esta nota.
Empezaré por señalar que, en mi círculo social, yo pude observar las siguientes actitudes entre amigos y conocidos mexicanos frente al desempeño de nuestra selección nacional:
- Los indiferentes: ¿fútbol? ¿cuál partido?
- Los críticos: se quejan desde el principio de los recursos invertidos en la selección de fútbol, especialmente ya que nunca dan buenos resultados.
- Los cínicos: les molesta que otros estén interesados en el fútbol o que apoyen a México. Le iban a Argentina sólo para ver la cara de desilusión en los que sí apoyaban a México y decirles “¡te lo dije!”
- Los hipócritas: adoran y suben a nivel de dioses a los jugadores luego de enfrentar a Francia, pero no los pasan de brutos y tarados después de Argentina.
- Los incondicionales: Apoyaron y se emocionaron con México en las buenas, sufrieron con el resultado con Argentina, pero finalmente piensan que se hizo un buen esfuerzo.
Y entiendo por qué es que muchas de estas actitudes se originan. México se encuentra en la desafortunada posición en la que es lo suficientemente bueno como para calificar sin demasiadas dificultades al mundial, pero no lo suficiente como para poder encontrarse cómodamente por lo menos entre “los mejores 8”. Posición desafortunada porque eso es lo que tiende a provocarnos cada cuatro años un escenario donde México nos emociona y nos promete un futuro, pero que eventualmente nos lleva a ese momento de desilusión. No es difícil ver cómo es que esto provoca reacciones cínicas e hipócritas en la afición.
Sin embargo quisiera poner esto un poco más en perspectiva. Calificar en el mundial y encontrarse entre los mejores 16 del mundo no es tarea fácil. No es algo que se logre sin un gran esfuerzo, habilidad y dedicación por parte del equipo y de sus jugadores. Me parece razonable decir que no calificar a cuartos de final es un fracaso para México, nuestro equipo puede y debe aspirar a más. Pero por eso decir que no se hizo ningún esfuerzo, que los jugadores no merecen el mínimo de nuestra admiración y respeto, me parece que es como descontar e ignorar el gran esfuerzo que se tiene que hacer para, por lo menos, llegar a ese lugar y podernos enfrentar con los mejores equipos de fútbol en todo el mundo.
Y eso me lleva a la pregunta que abre a este artículo. ¿Por qué México siempre pierde? ¿Qué deberíamos hacer para poder mejorar? Y no, no me parece que la respuesta sea más dinero o inversión. Algunas ideas flotando por ahí dicen que meter goles cuesta dinero, pero a mi me parece que es justo lo contrario. Son los goles los que traen dinero e inversión y sino pregúntenle, por lo menos, a los mejores jugadores de Brasil o de Europa y a quienes les pagan sus sueldos.
Si México pierde es por una razón que quizá nos puede costar trabajo asimilar y que quizá incluso cuando la diga pueda provocar sentimientos de desesperanza o derrotismo, pero les pido que me den un momento y continúen leyendo. Si México no gana es por una sencilla razón: Nuestros jugadores no son tan buenos como los de otros equipos superiores. No es falta de esfuerzo, no es falta de entrega, no es falta de dedicación. Simple y sencillamente, nuestros jugadores no son tan buenos o tan hábiles como los de los equipos que regularmente se encuentran entre los primeros 8 o 4 del mundo.
Bueno, la realidad es dura y fria. Pero, ¿podemos hacer algo? Si lo que México necesita son más y mejores jugadores de fútbol, ¿qué podemos hacer? Al menos desde mi punto de vista, lo que México necesita es una mejor infraestructura para fomentar, desarrollar y procurar a nuevos talentos; pero más importante un ambiente donde ser futbolista y aspirar a ser miembro de nuestra selección nacional pueda ser digno de respeto y admiración. Un niño brasileño puede mirar a Kaká y sentirse inspirado. “¡Mira a ese jugador! ¡Es buenísimo en el fútbol! ¡Es famoso! ¡Gana mucho dinero! ¡Es exitoso! Y, ¡es brasileño! ¡Yo soy brasileño! ¡Yo puedo ser cómo él!”. En México, ¿cómo pensamos motivar e inspirar a la juventud? ¿Quién quiere ser jugador de la selección para que, aún después de dar su mayor esfuerzo en la cancha, le llamen tarado y estúpido?
Y ojo que hablo de fútbol, pero recuerden también lo que ocurre con otros deportes, lo que ocurre en las olimpiadas. Recuerden también lo que ocurre con las artes y con la ciencia en nuestro país.
¿Por qué México siempre pierde en el mundial? Porque a su afición nos falta aún mucho por crecer y por aprender.