El tema del día de hoy puede ser algo fuerte, pero creo que no se puede enfrentar de otra manera.
Imagina por un momento que ha pasado ya algún tiempo en que te has estado sintiendo algo mal, últimamente has perdido el apetito y has estado también bajando mucho de peso. Entonces empiezas tener dolores frecuentes en el abdomen, y decides que es tiempo de ir a visitar al médico.
Desde el principio el médico se muestra algo reservado, y te manda a hacer una tomografía computarizada en el área del abdomen. Los resultados llegan unos días después. Tu médico los analiza, decide también que los tiene que discutir con algunos otros colegas especialistas, y finalmente te confirma lo que tu ya habías comenzado a sospechar: tienes cáncer.
El médico te explica los detalles, que el resultado de la tomografía muestra una formación de tejido neoplásico alrededor del páncreas, que este tejido se puede reconocer como un tumor adenocarcinoma. Te explica también que afecciones como éstas suelen pasar por mucho tiempo sin síntomas y, cómo en tu caso, ahora que lo han detectado se encuentra ya en un estado muy avanzado.
El médico habla pero tu no entiendes ya nada. Desde que mencionó aquella palabra tu pensamiento se nubló completamente, de pronto piensas en tu familia, en todos tus planes y los sueños que aún tenías por realizar en tu vida, en todas las tantas razones que tienes aún para vivir. “Pero, ¿me voy a morir? ¿no tiene cura?”
Entonces viene la segunda ola de información: En algunos casos es posible tratar este tipo de cáncer con cirugía removiendo el tumor y la parte afectada de la cabeza del pancreas. Desafortunadamente ese no es tu caso y, como ocurre la mayoría de las veces, el tumor es irresecable. Lo único que procede es iniciar un tratamiento paliativo con quimioterapia para tratar de ofrecerte la mejor calidad de vida posible.
Tu mente no entiende nada de lo que el doctor está diciendo, pero el mensaje parece claro. “¿O sea que ...? ¿Cuanto tiempo me queda?”
Se te explica entonces que en estos casos el tratamiento con quimioterapia suele ayudar a los pacientes a mejorar su calidad de vida, y darles un modesto beneficio de supervivencia. En casos como los tuyos, y según el nivel de avance de tu padecimiento, las personas suelen vivir entre unos 6 y 18 meses. Son escasos los casos de quienes han sobrevivido por más de 2 años.
Te encuentras emocionalmente destruido. Hace unos días tu futuro estaba lleno de planes e ilusiones, y ahora los mejores pronósticos no parecen darte mucho más que un año de vida.
Pides una segunda opinión, pero el nuevo médico coincide también con el diagnóstico. Comienzas a hablar también con tus amigos, a investigar por tu cuenta, buscas información en internet, quieres saber todo lo que puedas sobre esta enfermedad. Escuchas también horribles historias y anécdotas sobre lo terrible y doloroso que se puede ser el someterse a una quimioterapia ¿Qué es lo que puedes hacer?
Entonces un conocido te comenta algo sobre un tratamiento que escuchó y que, quizá, podrías intentar. Es un tratamiento de un famoso doctor en Nueva York, el Dr. Gonzalez. Lo mejor es que el tratamiento es natural, no tienen que meterle químicos a tu cuerpo, y se basa únicamente una dieta especial para asegurarse que tu cuerpo tenga todos los nutrientes que necesita, así como de suplementos alimenticios y unas cápsulas de enzimas pancreáticas que tienen un efecto anti-cancerígeno. Parte del tratamiento incluye también sesiones con enemas de café para ‘detoxificar’ al cuerpo y liberarlo de desechos metabólicos que están causando tus síntomas. El Dr. Gonzalez tiene incluso, una página en Internet donde explica todo esto.
La alternativa suena prometedora, y tu nuevo amigo te platica también sobre anécdotas de casos que sobrevivieron no meses, sino hasta más de 4 años! Sobre todo con una mucho mejor calidad de vida, ya que no tenían que someter su cuerpo a los desgastes terribles de la quimioterapia.
Hablas con tus familiares y amigos sobre esta nueva terapia. Algunos de ellos se muestran realmente contentos y esperanzados de lo que esta terapia podría hacer por ti. Algunos otros amigos se muestran más bien un poco escépticos y te recomiendan pensar y analizar muy bien las cosas. Pero, en esta situación ¿qué tienes que perder?
Ahora tú puedes elegir como continúa esta historia...
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sábado, 1 de mayo de 2010
domingo, 17 de enero de 2010
¿Comer, o no comer carne?
Algo que de cuando en cuando me he puesto a reflexionar, especialmente al ir tratando y conviviendo más con personas vegetarianas, es sobre la cuestión de si uno debería o no el incluir a la carne de animales como parte de su alimentación.
Héctor recientemente escribió un post con sus reflexiones, en particular, sobre el hecho de si comer carne es o no moral. En resumen su post concluye que, dado que para poder comer carne se necesita el realizar actos de violencia contra animales, comer carne es definitivamente un acto inmoral.
Yo, por mi parte, estoy de acuerdo con esa conclusión. Hay que hacer énfasis, sin embargo, en que la respuesta a esta cuestión de la violencia contra lo animales no la vamos a encontrar entre un par de “moral e inmoral”, “bueno y malo”, o “blanco y negro”. La respuesta involucrará más bien una escala de grises: ¿Es inmoral ejercer actos de violencia contra una persona? ¿Es inmoral ejercer actos de violencia contra una vaca? ¿Contra un pollo? ¿Contra un pescado? ¿Un huevo? ¿Un insecto? ¿Un molusco? ¿Una planta? ¿Un hongo? ¿Una bacteria? ¿Un virus? Diferentes personas llegarán a diferentes conclusiones, en diferentes circunstancias, y “pintarán su raya” en diferentes puntos de la escala.
Como comentario al margen que no tiene nada que ver, aquí en Alemania hay una cadena de restaurantes italianos llamada Vapiano. Entre sus curiosidades, los restaurantes de esta cadena suelen tener un muro adornado con plantas de diferentes especias. Uno puede ir entonces al muro, tomar una macetita con su especia favorita para llevarla a la mesa, cortarle las hojitas y ponérsela a su comida. A mi la idea de tener a un ser vivo en la mesa, arrancarle pedazos, y comérselos ahí, enfrente de él, me ha parecido siempre algo, uhm, peculiar.
Regresando al punto me parece que, además del aspecto moral, hay otros enfoques que se deben igual tomar en cuenta al reflexionar sobre la cuestión de comer o no carne. Y si algún vegetariano se topa con este post se que aquí van a saltar inconformes, pero un aspecto que me parece a mi también importante es el social. Y es que, hoy en día, ser vegetariano es un inconveniente social.
Muchas veces me ha tocado presenciar, y algunas cuantas ser también el protagonista, de una escena como esta: Alguien invita a sus amigos a comer y prepara algún platillo especial, pero olvida que uno de los invitados es vegetariano, y que el platillo en cuestión contiene carne. La incómoda situación invariablemente sigue con el vegetariano preguntando “¿Uhm, tienes algo que no lleve carne?” y el anfitrión apenado y tratando de improvisar en el momento, “Ehh, ¿una sopa? ¿un taco de ensalada?”. El objetivo de la reunión era compartir con mis amigos algo que considero valioso de mi cultura, y ahora uno de ellos se fue a su casa sin más que una tortilla con sal en el estómago.
El lector atento rápidamente apuntará que todo es culpa del anfitrión. Que un buen anfitrión debería, y eso es lo que después de una o dos metidas de pata uno aprende a hacer, estar preparado y tener siempre una alternativa de comida vegetariana. O de plano no invitar al amigo vegetariano si es que el objetivo principal de la reunión es comer algo esencialmente no-vegetariano. ¿Lo ven? Ser vegetariano es un inconveniente social.
Un lector insistente hará notar que, si todos fuéramos vegetarianos, esto no sería un problema. Y por supuesto estoy de acuerdo pero, en el mundo de hoy, ese no es el caso. Además de que llegar a ese punto involucraría la pérdida de una importante cultura y tradición gastronómica. Sé que este no es un argumento muy fuerte, el que algo se haya venido haciendo por muchos años no quiere decir que este bien hacerlo. Sin embargo también hay que considerar que la cultura gastronómica de muchos países y regiones en todo el mundo, ¡no se diga de México!, está fuertemente basada en la carne.
Dejando a un lado las cuestiones ‘vanales’ sociales, otro aspecto más que se debe considerar—y del que yo no había caído en cuenta hasta muy recientemente—es el impacto que el comer carne tiene sobre nuestro medio ambiente. El argumento más convincente que he escuchado a favor del vegetarianismo está claramente presentado en Home: “Se requieren 100 litros de agua para producir un kilo de papas. 4'000 litros para un kilo de arroz. Y 13'000 litros de agua para un kilo de carne de res. Eso sin contar el petróleo necesario para la transportación del producto final.” Comer carne nos sale, en términos de recursos naturales, muy caro.
Y ya que la mencioné, para quienes no la hayan visto, ‘Home’ es una película que recomiendo ampliamente sobre del problema del desarrollo sustentable. La exposición es muy clara, objetiva y honesta; y la película está disponible de manera gratuita en álta definición en inglés, español, y muchos otros idiomas.
Finalmente, un aspecto más a considerar, es el de la salud. ¿Se requiere comer carne para tener una buena alimentación? ¿Qué tan saludable es comer carne? Sin entrar demasiado en detalles, la evidencia apunta a que una dieta vegetariana es normalmente más saludable, y las personas que siguen una dieta vegetariana suelen tener una vida más larga. Aunque una dieta vegetariana puede ocasionar también una deficiencia de proteínas, hierro, zinc y calcio; es posible también, con el cuidado y atención necesaria, planear una buena dieta vegetariana que pueda compensar y no sufra de tales deficiencias.
Y ya que andamos en el tema, aprovecho para recomendarles este artículo en el blog de Neurológica sobre la evidencia científica que hay detrás de las dietas para perder peso. Y la recomendación que la ciencia nos puede dar para alimentarnos sanamente: ten una dieta variada, basada principalmente en plantas.
Personalmente, mi compromiso ha tratado de ser el reducir mi consumo de carne, trato de ser vegetariano por lo menos dos o tres días a la semana, preferir pollo o pescado a la carne de res o puerco, y en general procurar mantener una dieta más variada y subirle a la cantidad de vegetales. Mi objetivo, sin embargo, no es decirles si deben o no comer carne (o qué tanta), sino hacerles reflexionar sobre los diversos aspectos a considerar, que investiguen, y al final me cuenten también, ¿qué opinan al respecto?
Héctor recientemente escribió un post con sus reflexiones, en particular, sobre el hecho de si comer carne es o no moral. En resumen su post concluye que, dado que para poder comer carne se necesita el realizar actos de violencia contra animales, comer carne es definitivamente un acto inmoral.
Yo, por mi parte, estoy de acuerdo con esa conclusión. Hay que hacer énfasis, sin embargo, en que la respuesta a esta cuestión de la violencia contra lo animales no la vamos a encontrar entre un par de “moral e inmoral”, “bueno y malo”, o “blanco y negro”. La respuesta involucrará más bien una escala de grises: ¿Es inmoral ejercer actos de violencia contra una persona? ¿Es inmoral ejercer actos de violencia contra una vaca? ¿Contra un pollo? ¿Contra un pescado? ¿Un huevo? ¿Un insecto? ¿Un molusco? ¿Una planta? ¿Un hongo? ¿Una bacteria? ¿Un virus? Diferentes personas llegarán a diferentes conclusiones, en diferentes circunstancias, y “pintarán su raya” en diferentes puntos de la escala.
Como comentario al margen que no tiene nada que ver, aquí en Alemania hay una cadena de restaurantes italianos llamada Vapiano. Entre sus curiosidades, los restaurantes de esta cadena suelen tener un muro adornado con plantas de diferentes especias. Uno puede ir entonces al muro, tomar una macetita con su especia favorita para llevarla a la mesa, cortarle las hojitas y ponérsela a su comida. A mi la idea de tener a un ser vivo en la mesa, arrancarle pedazos, y comérselos ahí, enfrente de él, me ha parecido siempre algo, uhm, peculiar.
Regresando al punto me parece que, además del aspecto moral, hay otros enfoques que se deben igual tomar en cuenta al reflexionar sobre la cuestión de comer o no carne. Y si algún vegetariano se topa con este post se que aquí van a saltar inconformes, pero un aspecto que me parece a mi también importante es el social. Y es que, hoy en día, ser vegetariano es un inconveniente social.
Muchas veces me ha tocado presenciar, y algunas cuantas ser también el protagonista, de una escena como esta: Alguien invita a sus amigos a comer y prepara algún platillo especial, pero olvida que uno de los invitados es vegetariano, y que el platillo en cuestión contiene carne. La incómoda situación invariablemente sigue con el vegetariano preguntando “¿Uhm, tienes algo que no lleve carne?” y el anfitrión apenado y tratando de improvisar en el momento, “Ehh, ¿una sopa? ¿un taco de ensalada?”. El objetivo de la reunión era compartir con mis amigos algo que considero valioso de mi cultura, y ahora uno de ellos se fue a su casa sin más que una tortilla con sal en el estómago.
El lector atento rápidamente apuntará que todo es culpa del anfitrión. Que un buen anfitrión debería, y eso es lo que después de una o dos metidas de pata uno aprende a hacer, estar preparado y tener siempre una alternativa de comida vegetariana. O de plano no invitar al amigo vegetariano si es que el objetivo principal de la reunión es comer algo esencialmente no-vegetariano. ¿Lo ven? Ser vegetariano es un inconveniente social.
Un lector insistente hará notar que, si todos fuéramos vegetarianos, esto no sería un problema. Y por supuesto estoy de acuerdo pero, en el mundo de hoy, ese no es el caso. Además de que llegar a ese punto involucraría la pérdida de una importante cultura y tradición gastronómica. Sé que este no es un argumento muy fuerte, el que algo se haya venido haciendo por muchos años no quiere decir que este bien hacerlo. Sin embargo también hay que considerar que la cultura gastronómica de muchos países y regiones en todo el mundo, ¡no se diga de México!, está fuertemente basada en la carne.
Dejando a un lado las cuestiones ‘vanales’ sociales, otro aspecto más que se debe considerar—y del que yo no había caído en cuenta hasta muy recientemente—es el impacto que el comer carne tiene sobre nuestro medio ambiente. El argumento más convincente que he escuchado a favor del vegetarianismo está claramente presentado en Home: “Se requieren 100 litros de agua para producir un kilo de papas. 4'000 litros para un kilo de arroz. Y 13'000 litros de agua para un kilo de carne de res. Eso sin contar el petróleo necesario para la transportación del producto final.” Comer carne nos sale, en términos de recursos naturales, muy caro.
Y ya que la mencioné, para quienes no la hayan visto, ‘Home’ es una película que recomiendo ampliamente sobre del problema del desarrollo sustentable. La exposición es muy clara, objetiva y honesta; y la película está disponible de manera gratuita en álta definición en inglés, español, y muchos otros idiomas.
Finalmente, un aspecto más a considerar, es el de la salud. ¿Se requiere comer carne para tener una buena alimentación? ¿Qué tan saludable es comer carne? Sin entrar demasiado en detalles, la evidencia apunta a que una dieta vegetariana es normalmente más saludable, y las personas que siguen una dieta vegetariana suelen tener una vida más larga. Aunque una dieta vegetariana puede ocasionar también una deficiencia de proteínas, hierro, zinc y calcio; es posible también, con el cuidado y atención necesaria, planear una buena dieta vegetariana que pueda compensar y no sufra de tales deficiencias.
Y ya que andamos en el tema, aprovecho para recomendarles este artículo en el blog de Neurológica sobre la evidencia científica que hay detrás de las dietas para perder peso. Y la recomendación que la ciencia nos puede dar para alimentarnos sanamente: ten una dieta variada, basada principalmente en plantas.
Personalmente, mi compromiso ha tratado de ser el reducir mi consumo de carne, trato de ser vegetariano por lo menos dos o tres días a la semana, preferir pollo o pescado a la carne de res o puerco, y en general procurar mantener una dieta más variada y subirle a la cantidad de vegetales. Mi objetivo, sin embargo, no es decirles si deben o no comer carne (o qué tanta), sino hacerles reflexionar sobre los diversos aspectos a considerar, que investiguen, y al final me cuenten también, ¿qué opinan al respecto?
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